El Fogón de la Editora

ESOS CAPOS NO SABEN JUGAR DOMINÓ

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Cada vez que al infame régimen de La Habana se le escapa una de las mujerzuelas que los mantiene en el oficio, se reinventan. Cuando colapsó la Unión Soviética, a finales de la década de 1980, se les vino el mundo abajo.

Hambruna, desastre eléctrico y energético, más peladera de la habitual y pare de contar.

Fidel Castro, aparte de asesino y truhan, contó con un olfato de proxeneta único; se arrimó a Pablo Escobar y prestó la isla como portaviones de cualquier cantidad de drogas que salían de Suramérica con destino a Estados Unidos y Europa.

Así fue trastabillando hasta que apareció frente a sus ojos el ladrón acomplejado de Hugo Chávez. Ese régimen de miserables genocidas consiguió, gracias a la payasada mal contada de la supuesta revolución bolivariana, casi treinta años de los mejores y mayores negocios de sus vidas, a cuenta del oro negro y el resto de la sangre que corre por las venas de Venezuela.

Descontando, claro está, el mismo negocio de las drogas para el cual Pablo Escobar tanto les enseñó. Ahora, con Maduro entre el Mar Caribe y las paredes de Fuerte Tiuna y Miraflores, salen con la misma pataleta de hace cuarenta años atrás.

Deben cambiar. El socialismo a la cubana no sirve. La gente vive en la Edad de Piedra y los negocios de los Castro junto con su muñeco Pérez-Canel se están viniendo abajo.

Y hasta sacan un congreso de la camarilla de lo que ellos conocen como Partido Comunista Cubano, que no es otra cosa que otra mafia al estilo del Partido Comunista Chino de los Trabajadores, para llorar ante su afligido pueblo y el resto del mundo que medio los toma en serio, porque han fracasado.

Más de 60 años para que aquellos hampones se enteren de que no sirven para nada es mucho con demasiado. La Venezuela de Maduro, que se hunde entre las confiscaciones, un verdadero bloqueo y una flota norteamericana apuntando a las fábricas de veneno del Cartel de los Soles, otra vez, le pone al régimen cubano los pelos de punta.

Pero esta vez, en esta oportunidad, un hijo de cubano, Marco Rubio, junto con Donald Trump, sí que se la tienen bien jurada a aquellos genocidas. Lo que más aterra a los regímenes de facto de nuestro hemisferio, muchos de ellos disfrazados de democracias, es la caída de las bandas de Chávez y Maduro.

¿Será que alguna vez aquellos capos sinvergüenzas jugaron al dominó?

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