CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Estabilizar al país con esa hambrazón

Que nadie venga con embustes: ¡el país está parado! La emoción que le produjo a la totalidad de Venezuela la captura de «Narcolás» y de alias “Cilita” terminó siendo opacada por las amenazas de Diosdado, las estupideces de Delcy y los “cambios” para no cambiar nada de nada del mismo régimen de maleantes que lleva casi treinta años exterminando al país.

Un ridiculísimo intento de poner otra capa al “pasticho” político venezolano no ha podido, ni tampoco podrá, hacer funcionar a Venezuela.

Apenas y lo puede poner “en línea” para pagar una deuda externa ilegalmente contraída y otorgada en complicidad con los mismos bandidos que ya pasaron por allá en los años 80 y 90 con sus Bonos Braidy y sus Notas de Créditos.

Todos ellos arreglados entre los maleantes que manejaron Venezuela en estos últimos 30 años y la banca internacional.

El venezolano sabe que esa gente es más de lo mismo y que con ellos solo se puede llegar al mismo rincón donde Chávez y Maduro enterraron al país: ¡la nada! Esta noche la dictadora-encargada volverá a intentar idiotizar con palabras inentendibles las necesidades, el hambre de los trabajadores, jubilados y pensionados que mal viven en Venezuela. ¡No tendrá éxito!

Yo creo que ya toda Venezuela puede entender el alcance y el tamaño de las reiteradas insistencias del presidente Trump sobre la “competencia” y “el buen desempeño” que está llevando a cabo la dictadora-encargada. ¡A buen entendedor, pocas palabras!

El Rodrigato no se puede desentender de su complicidad y conchupancia con Chávez y Maduro a lo largo de tantos años compartiendo con todos ellos negocios muy sucios.

El trabajador venezolano no tiene ya nada que entender. Que la patronal venezolana, socia del NARCO-RÉGIMEN, lo intente. Pero lo cierto es que más de 3.5 millones de venezolanos que funcionan tanto en el sector privado como en el público ya no pueden más con la miseria que las grandes mayorías reciben como “salario”.

Otro tanto, y quizás aún más, pueden sentir los casi 6 millones de beneficiarios de la seguridad pública en forma de pensiones y jubilaciones que, en la gran mayoría de los casos, pagaron para que ellas fueran “dignas” a todo lo largo de sus vidas como trabajadores activos.

Venezuela, allá no existen los regalos, ni las dádivas, ni los bonos con nombres idiotas.

En Venezuela lo que tiene que existir es justicia salarial. ¡A cada quien según su trabajo!

Si eso no se logra obtener por las buenas, hay que pensar en hacerlo por las malas.

¡Si quieren “estabilizar” al país, no lo maten primero de hambre!

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