El Fogón de la Editora

ESTADOS UNIDOS: LOS HERMANOS MAYORES

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

¡Resulta que a los iraníes sí que les salieron hermanos mayores! Y velan por ellos. Y se atraviesan con vetos en el Consejo de Seguridad de la inservible Naciones Unidas. Les ofrecen armas, sabrá Dios de qué tipo, y en pago, los chinos sacan el petróleo que tanto necesitan sus ciudades. Es decir, ¡pura humanidad! Por su parte, Corea de Norte, China y Rusia dicen dar la cara por Irán. ¿Qué de cosas, no?

Un trío de gobiernos muy reñidos con los derechos de las gentes, el respeto a los individuos y a la propiedad de los demás, resultan ser los “mejores amigos” del régimen terrorista de Irán. No hay duda alguna: ¡los malos siempre son buenos entre ellos en las malas! ¡Solidaridad entre matones!

Y cada uno jala para su lado, estamos totalmente de acuerdo. Y yo no me engaño: este país no ha pensado precisamente en la famosa receta del lomo negro cuando capturó a Nicolás Maduro por narcotraficante de Estado. Sin dudas tiene puestos sus ojos también en los hidrocarburos y en las riquezas minerales que posee Venezuela.

Por cierto, ¿los cubanos, los chinos, los iraníes y los rusos acaso tenían invadida a Venezuela porque les gustaban las playas y las empanadas de cazón que hacen en Margarita? ¡Por supuesto que no! Insisto: ¡cada quien busca sus interés!

Pero Venezuela, luego de estar en las manos de aquellos maleantes internacionales por tantos años, ¿qué sacó en limpio? Digo, ¿como país, como civilización, como nación, qué obtuvo de aquellos angelitos? Si me dan a escoger, me quedo con los que se parecen más a nuestra gente. Lo demás es un asunto de liderazgo, de honradez y de compromiso con lo público para hacer de Venezuela finalmente un país grande y próspero.

Y no es que me quede con “el menos malo”. Pienso que Norteamérica, con todos sus defectos e imperfecciones es, sigue siendo y será siempre una tierra de libertades y de igualdad ante las leyes. Lo que nunca podrán ser ni China, ni Rusia, ni mucho menos Irán, donde la vida humana no vale nada.

No me hallo ni como mujer, ni como persona, ni como profesional, entre la maldad en su más puro estado social en alguno de esos países.

Mucho menos en nombre de un Dios vengativo o de una ideología impuesta, o de una desgracia racial, a ser jefeada por un zar eterno, un dictador sanguinario o un presidente a perpetuidad. Si me dan a escoger, me quedo con Estados Unidos por difícil que a veces sea.

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