El Fogón de la Editora

GRITOS DE HIPOTECAS

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Es que entre cielo y tierra nadie puede esconder la realidad; muchísimo menos si ésta es tan pavorosa como la nuestra. Porque la Venezuela roja-rojita mete miedo. Pero de algo estoy muy segura: el régimen y sus compinches responderán ante el mismísimo Creador por tanta maldad, por tanta infamia, por la destrucción de un pueblo bueno que era sonriente.

En lo inmediato, la dictadura y su oposición electorera ya tienen como castigo un país que no les cree y que los desprecia profundamente.

Es posible que ambas mafias aspiren a confundir o engañar a la gente de afuera. Pero ni con Venezuela ni con los venezolanos les puede resultar el intento. El desastre es de cataclismo.

Si los números de VemAmCham resultan grotescos y patéticos, por su total indiferencia ante un pueblo trabajador que se descose con salarios en bolívares, mientras todo lo tiene que pagar en dólares, los indicadores humanos en Venezuela producen vértigo.

El Centro de Estudios para las Mujeres, el Liderazgo y el Desarrollo (CEMLIDES) revela que casi el 60% de los niños y niñas en Venezuela en edad escolar están dedicados al trabajo infantil.

Más de la mitad de la población de niños que aún vive en Venezuela trabaja como adultos, produce como grandes, cobra como menores y son de una u otra forma víctimas de explotación “consentida” a todo lo largo y ancho del país. ¡Rudo!

En Venezuela el sistema-país se traga la infancia de los venezolanos, al mejor estilo de los míseros rincones de África, o de India, o de cualquier otro lugar paupérrimo del mundo pobre.

En Venezuela, un país poderosamente rico y de abundantes recursos, se explica la deserción escolar de más de un 50%, porque nuestros chamos se ven obligados a trabajar como adultos para sobrevivir ellos y ayudar a sus familias a lo mismo.

Ya estamos recogiendo la cosecha del «bandido eterno», su heredero colombiano y cientos de miles de hombres y mujeres que han empeñado su alma inmortal, para darle forma al infierno en que hoy en día han convertido a Venezuela.

Así, mientras las relaciones económicas y de “negocios” entre Venezuela y Estados Unidos prosperan viento en popa, la nación se está hundiendo.

El país del presente y del futuro está siendo, mientras escribo estas líneas en tiempo real, hipotecado a la miseria. Sus niños no están siendo educados, ni mucho menos formados por nada ni por nadie. Una parte muy importante de la población infantil de nuestro país solo es carne molida de un mercado laboral que, si bien explota como le da la gana a los adultos bien preparados que tienen que hacer lo que sea en Venezuela, imaginen lo que está ocurriendo con todos nuestros pequeños.

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