CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

«Made in China»

Si el plan del régimen efectivamente consiste en seguirle el juego al chulo de Díaz-Canel en Cuba y secar a Venezuela de gente, dejándola con no más de 20 millones de habitantes entre sus fronteras. Si con el criminal asunto del manejo del sistema eléctrico nacional, que medio funciona a punta de saliva de loro, poco les importa que explote una oscurana nacional de días seguidos, como todo indica va a ocurrir en Venezuela. Si las colas interminables en las un poco más de 1.700 estaciones de servicio regadas por todo el país, son porque tienen gasolina un día sí y cuatro no. Si los buques tanqueros venezolanos no paran de llevar de Amuay a cualquier parte del Caribe, donde el hamponato revende y se embolsilla el combustible que le roban a todos los venezolanos.

Si todo lo que el venezolano usa, compra, consume o paga es en dólares, aun cuando los sueldos y las pensiones del país son recibidas en bolívares devaluados.

Si todo “eso” y mucho más forma parte del plan chino-cubano para la democratización del capital en el mundo.

Si matar de hambre o mantener a naciones enteras como esclavas de la necesidad es la “nueva visión” que la China Comunista ahora quiere exportar al resto del planeta. Entonces vamos en fila india hacia la pulverización de los valores occidentales de libertad, libre escogencia y derecho a revelarnos, sobre los cuales se construyó Venezuela, casi toda Europa y los Estados Unidos de Norteamérica.

Con la trampa de “un país/dos sistemas” los chinos junto con sus satélites, no son los verdaderos dueños del enorme capital industrial, financiero y tecnológico que mueve su descomunal maquinaria de producción.

Los alemanes, los norteamericanos, los japoneses y los surcoreanos son quienes han hecho y siguen haciendo de China su descomunal maquila. Empresarios privados de esos países han ganado y ganan día tras día miles de billones de dólares cediendo la colocación de sus marcas en todos los productos que salen de China. Para ellos no han sido, ni son, ni serán importantes sus nombres o sus patentes.

Han preferido y prefieren “jugar” con las reglas de juego establecidas por el Partido Comunista de los Trabajadores de China. Ellos, el gran capital occidental, paga apenas un pequeño tributo por disfrazar sus nombres, por esconderse detrás del intimidante y poderoso rótulo impreso en todos los productos que salen de la China con el sello de “Made in China”.

Vista así la cosa, resulta muy tonto que podamos confiar en un grupo de políticos gastados, miopes y muy baratos, que le están planteando al país una agenda de campaña de primarias, que no consideran todo el peso muerto que le significa a Venezuela sus relaciones con China. Para el venezolano de hoy y el de mañana las relaciones entre el régimen de Maduro y China giran en torno a la sobrevivencia de Venezuela y de los venezolanos. ¡Digo, como raza!

Nos estamos jugando la extinción como nación en manos del régimen de Caracas y de sus siniestros asociados, y la oposición venezolana está jugando a los carritos.

¡Pero que de bolas!

Por eso: ¡Dios, Venezuela Libre y Cese de la Ocupación!

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