El Fogón de la Editora

JUDAS ISCARIOTE

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Si todavía no le han pegado candela en los pueblos y caseríos de toda Venezuela, ya cogerá fuego el Judas de este año: Manuel Rosales.

En 2006 le salió fuego y un poco de muchachos bailando alrededor; en ese entonces la gente todavía tenía sus dudas. Pero ahora no. Ahora todo el país y los que estamos fuera conocemos al monigote de Rosales; siempre listo para “hacerle la vuelta al régimen”, como dicen los malandros.

A cinco pa’ las doce, como la canción de Néstor Zavarce, a él sí que le abrió el sistema del CNE para que su «Nuevo Truco» lo inscribiera como el siguiente títere electoral de Nicolás Maduro. Muy por el contrario, a las Corinas les salió candado y un NO FOUND del tamaño de toda la pantalla.

La sola amenaza de convertirse en boconas la noche de la “Sala de Totalización”, las hizo espantar como mosquito con Plagatox. Por fastidiosas y hablachentas; capaz que les daba por andar diciendo que Maduro otra vez hizo trampas y que va para los 18 años corridos siendo el dictador arreglado electoralmente de la República Bolivariana de Venezuela. ¿Tú has visto?

Las Corinas quedan por fuera de la parrilla de la novela electoral correspondiente a este año, bautizadas como las elecciones «más justas y más libres» jamás llevadas a cabo en Venezuela, a realizarse precisamente el día del cumpleaños del difunto. ¡Hágame usted el favor!

El padre de Maduro regresará de ultratumba para votar por su hijo que es colombiano, como hacen miles de muertos en el país. El pajarito chismoso volverá a soplarle los resultados electorales al oído y el mismísimo Chávez, hediondo a azufre, le levantará la mano a un nuevo presidente recién reelecto en Venezuela; con el reconocimiento de todos aquellos gobiernos de los países que más pistoladas hablan y dicen sobre la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos.

De todas formas el país, el de verdad, aquel que se está cayendo a pedazos, que no tiene luz, ni agua, ni su gente suficiente dinero para comprar lo mínimo que necesita para vivir, está claro que ese no es el “hasta el final” de Venezuela.

Que allá hay mucha tela que cortar, muchas cosas que decir y muchos asuntos aún más importantes que las mamarrachadas electorales a que nos tienen acostumbrados toda esa cuerda de cirqueros para no mirar para donde es.

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