La calidad de vida como problema

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us
Venezuela lleva décadas hablando y hablando solo de política. Llevamos más de treinta años empecinados en abordar, desde los espacios públicos, única y exclusivamente lo político.
Hemos dejado por fuera la discusión sobre las formas en que un país moderno tiene que organizarse para abordar y conseguir que su gente satisfaga sus necesidades económicas. ¡Lo Básico, o en chiquito: alimentación, vestido y vivienda, agua y luz eléctrica!
Con solo meternos en asuntos menos relevantes como el de la dirección que debe llevar el caballo blanco pintado dentro del escudo nacional, la gente no hace mercado. Ni con promesas electorales. Ni con mantras o eslóganes. Con nada de eso se compra una casa o se tiene para pagar un alquiler. La gente solo con conchas de ajo no se pone en un carrito. Ni paga las cuentas médicas cuando se enferma, ni tampoco compra los útiles a sus hijos para que vayan a la escuela año tras año.
Y aunque resulta que lo político y la política son las herramientas que desde el poder se usan para resolver las necesidades económicas de los habitantes de un territorio, en Venezuela tenemos años viendo la cosa al revés. Allá, en nuestro país, la clase política se han acostumbrado a que solo sean ellos quienes satisfacen su enorme voracidad; mientras que las grandes mayorías se las tienen que ingeniar como mejor puedan para sobrevivir. O buscar cómo irse.
En Venezuela cambiamos, arreglamos, enmendamos y maquillamos una y muchas veces más la misma república. Total, somos expertos en cambiarlo todo, para que todo siga igual, o peor que antes. La gente así no avanza, más bien se estanca, se hace vieja y se pasa el resto de su existencia desesperada en conseguir un medio para completar un real.
Los venezolanos que han huido del país, en su gran mayoría, lo han hecho por razones de naturaleza económica. Y el régimen junto con su oposición no ofrecen ninguna alternativa potable para que Venezuela crea, o tenga algo de fe en el futuro de Venezuela. Para que la gente se juegue el presente y el futuro, como hicieron nuestros abuelos, dentro de un país donde se puede echar materialmente «palante».
La libertad, la necesidad de vivir en paz y la seguridad son solo algunas de las razones que pueden explicar la estampida del venezolano de su propia tierra. El deslave humano que ha ocurrido en Venezuela responde más bien a la decisión de nuestra gente de buscar y tratar de encontrar una calidad de vida adecuada y razonable a los estándares del siglo XXI, que allá, desde hace décadas se perdió. ¡Es momento de nuevas propuestas!



