CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

La dura realidad toca las puertas

Hasta ahora, todo indica que tanto el NARCO-RÉGIMEN de Caracas como la administración federal en Washington están jugando a la estrategia del cansancio. El Parlamento Libertador considera que en ese lamentable escenario, el pueblo venezolano ha perdido toda capacidad de aguante, ha llegado al límite. Son 26 años soportando con mucho estoicismo y coraje a un régimen destructor, sobreviviendo en la práctica en un campo de concentración como los de Hitler.

Las expectativas de las cucarachas del siglo XXI es que esperan que el presidente Donald Trump se le enfríe el guarapo, mientras ellos cruzan sus dedos para que la cosa pase al insólito universo de las negociaciones, utilizando a la más alta diplomacia internacional para protegerse, evitando un daño mayor a la trilogía del Cartel de los Soles.

¡A lo GATOPARDIANO! Así, como decía el siempre recordado Hermano Coco: “Ten fe, pero hay que pagar”. ¡Sin rencor!, como dice la gaita: los venezolanos estamos en el hombrillo de la carretera más sola y oscura del mundo, esperando como muchacha alborotada de pueblo a que pase lo que tiene que pasar, para volver a ajustar las manecillas del reloj de la vida del país.

Pareciera, PARECIERA, que los mafiosos del Cartel de los Soles se tomaran para fin de año sus buenos wiskis y sin mayores zozobras. Aunque estoy convencido de que serán sus últimos wiskis, sus ultimas peas y sus últimos ratones.

Todo pinta que diciembre se va sin que los malandros del siglo XXI salgan del poder.

Pero no nos equivoquemos, no nos confundamos con lo no ocurrido en Oslo. La nación, hablo en silencio de las enormes mayorías del país, apenas se quedaron mirando desde lo lejos los vestidos de Carolina Herrera, las carteras de última moda y los abrigos bien caros que imaginamos, por obra y gracia de las tomas cerradas que se exhibieron en Oslo, capital de Noruega, para que no se viera quienes estaban detrás de las rejas de la plaza, porque no convenía que a ellos el país los mirara.

Donde, vuelvo a recordar, tampoco ocurrió la prometida juramentación de Edmundo González, lo que todos suponíamos que tenía que pasar, pues todo indica, además, que tampoco nunca va a pasar. Pues todo hace pensar que los «mariocorinos» no saben cobrar lo que el pueblo venezolano pagó por adelantado el 28 de julio del año 2024.

Esperemos pues al 10 de enero para ver que ocurra el “milagro”. Porque la Norteamérica que se encuentra frente a las cosas de Venezuela armada hasta los dientes, está a la espera de un levantamiento popular que empuje la salida del régimen para respaldarlo.

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