La estupidez política del venezolano

Santos Luzardo* / Venezuela RED Informativa.us
Todo lo que puede decirse corresponde a las emociones, sistema límbico vs sistema neocortical, es decir la racionalidad. La estupidez es curable, pero requiere un proceso cognitivo de años y, por el contrario, llevamos 200 años de emociones políticas contando desde 1825, mal signo para un país que no ha podido fraguar su constitucionalidad y vive sobre un emporio de riquezas.
Una de las manifestaciones, como síntoma, es el sistema de creencias comunes y ordinarias, aunque parezca mentira, por lo que la mayoría vive equivocada, con el paradigma que tiene la razón y esa mayoría impone, desde un presidente hasta el camino al abismo.
Esas creencias se vuelven un problema de seguridad nacional cuando se hace colectiva, creando una fuerza avasalladora, pero en beneficio de quienes la manejan, es decir, los políticos y la llaman democracia y todos lo repiten como mantra. También pasa con la religión y otros aspectos de la vida social. La política es el arte de crear y explotar la ignorancia, el miedo y la esperanza y el clientelismo la respuesta al impulso primitivo, básico y elemental de sobrevivir.
La estupidez surge de la creencia y sostenimiento de un ámbito cognitivo que llaman cultura y educación. Claro, me refiero al modelo que no enseña a pensar y razonar, dudar y cuestionar, sino a obedecer, creer, tener esperanzas y aceptar, lo que resulta muy sencillo porque la mente sin formación adecuada y además manipulada trabaja para la supervivencia, no para la comprensión de los procesos sociales, políticos, económicos, menos los religiosos entre otros tantos. A eso se refirió El Libertador cuando dijo: Todo pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción.
Todo lo referido ut supra constituye el sustrato humano para la Escuela Sofista de Protágoras, además de ilusiones, confort, pereza, resistencia al cambio, son manifestaciones de esas emociones que se manipulan para mantener a los pueblos sumidos en la estupidez colectiva, porque pensar da flojera y no pensar es placentero.
“ … 300 años de calma, ¿no bastan?», 65 años de disque democracia, ¿no bastan? y el país en la destrucción que refirió Bolívar.
Qué difícil resulta enfrentar nuevas ideas a las consolidadas por el poder sistemáticamente para crear estupidez colectiva, que imponen desde supersticiones hasta convicción en sus creyentes y generan en el atrevido subversivo, soledad, marginación, ostracismo, ataques, etc.
En política, dudar de lo impuesto por las fábricas de opiniones es pecado y se paga, Sócrates y Giordano Bruno con la vida, Spinoza excomulgado y un larguísimo etc. Otro paradigma generado por la estupidez, es que conocer la historia evita su repetición y sin embargo es lo único que se hace, repetir los mismos errores, vean el evento, una vez más emulado del 28 de julio pasado. Es evidente que como dijera el zorro al Principito De Saint-Exupéry: «solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos», incluyendo los intereses de los políticos.
Parece que estamos condenados por el demonio a vivir sometidos al efecto Dunning-Kruger, autoría de los psicólogos de esos apellidos, en los políticos que han sido vagos y delincuentes de cuellos multicolores. Es el sesgo cognitivo que hace que una persona sobrevalore sus conocimientos en un área donde no es experta, es decir: la política real como teoría práctica para el bienestar colectivo. Suele suceder que los más engañados por creídos son los mismos equivocados y erráticos politiqueros, porque para poder reconocer la ignorancia propia, hay que saber mucho, recuerden a Sócrates: «yo solo sé que no sé nada».
Luego, ¿cómo salir de la Matrix?, abandonando la certeza reconfortante de nuestro engaño que refería Nietzsche. Es como un dolor de parto, «dar a luz la verdad». Nadie quiere eso sino el confort, por lo que vale cualquier justificación que avale sus engañosas creencias. No hay cadena más fuerte que el deseo convertido en necesidad por estupidez.
La rareza de lo referido es justamente el atentado subversivo que manda el honor, quizás consigan las mismas verdades en obras como Humillados y ofendidos de Dostoyevski en la plenitud rusa, o en Los Miserables de Víctor Hugo en la ciudad de la luz o en El viejo y el mar de Hemingway, a propósito del país de nuestros esclavistas. Estos autores pintan la crudeza de la verdad que los políticos venezolanos siempre pretenden ocultar para idiotizar al pueblo a dominar para sus fines perversos.
Hay que cambiar, los caminos que siendo los mismos nos conducen a los mismos lugares; a los políticos proscribirlos; el modelo de Estado rediseñarlo y los funcionarios que funcionen públicamente, entre otros cambios. Recuerdo la opinión de El Libertador, cuando ante el Congreso de Angostura refirió cuál era la mejor forma de gobierno para que el pueblo venezolano no siga siendo estúpido.
*De la Orden de los Caballeros de Fénix
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