CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

La hora de la verdad

Con la ayuda de Dios Todopoderoso, y luego de años de sacrificios, muertes, robos y de tener fritos a todos los Santos, lo más seguro es que se lleven a Nicolás Maduro. Para más señas, jefe indiscutible del Cartel de los Soles.

El Cartel de los Soles que es una organización criminal dedicada al narcotráfico y al terrorismo de estado con el fin de minar las bases sociales, institucionales y humanas dentro de los países de América y Europa como proyecto político no revelado. ¡Perfecto!

¡Bendito sea Dios!

Así las cosas, EL DÍA DESPUÉS ¿qué hacemos con tanto peluche malvado que ha dado soporte, forma y contenido a todas las marramuncias con que casi han acabado con Venezuela y con sus venezolanos?

¿La Venezuela decente, en un instante de reconciliación nacional, deberá aprender a convivir con todos aquellos que tanto, pero tanto daño le han hecho al país? ¿O les damos a todos los que sepamos, supongamos, imaginemos o sea evidente que pusieron sus manos en la masa, la misma medicina que recetó el general Miguel Rodríguez Torres a los infelices de la oposición, de la resistencia y de las fuerzas armadas que tuvieron las agallas de enfrentar al régimen?

O sea: ¿cárceles, torturas infames y muertes desde el amparo del estado?

¿Judicializamos a todo el chavismo, a todos los chavistas, a todo aquel que suene a basura del siglo XXI; como nos tiene acostumbrado la marica que dice ser fiscal general de la nación y los muñecos de todo el poder judicial venezolano? ¿Hacemos lo mismo?

¿Aplicamos una de Alemania de después de la muerte de Hitler: prohibir por ley al chavismo, perseguir y castigar a todo aquel enchufado y gobiernero que se haya hecho rico de la noche a la mañana con lo que no era suyo? Les cuento que ya hay que ir preparando las respuestas a esas, y a muchas más preguntas como las que acabo de formular.

A la Venezuela que viene, le va a tocar duro, ¡bien duro! Y no estoy hablando de situaciones con soluciones ya dadas. Edmundo González Urrutia, por ejemplo, presidente electo de Venezuela, ahora estará obligado de hacer buenos los votos de la gran mayoría de los venezolanos expresados en contra del régimen el 28 de julio del año pasado.

Ahora, de suceder lo que tiene que suceder, no puede continuar escurriendo el bulto.

Esas serían las condiciones, y no habría otras. ¡Basta de tonterías! El país necesita una maqueta de transición para empezar a acomodar lo que aquellos rufianes llevan años destrozando. ¡Y es ahí, mis amigos, cuando de verdad empieza lo bueno!

La justicia y las cuentas por cobrar son importantes. La nación necesita curar sus heridas. ¡Perfecto! Pero con tanta gente inteligente como contamos, el asunto del Día Después no se puede quedar en solo pasar facturas.

Al pueblo, a Juan Bimba, al que está dentro y a quienes estamos dando tumbos por medio mundo, deben, OÍGASE BIEN, DEBEN convertirse en prioridad. Un plan de emergencia nacional, un plan de asistencia con horizontes de tiempos calculados es FUNDAMENTAL.

No se puede, OÍGASE BIEN: no se puede esperar que la Venezuela bien jodida, esa que come una sola vez, y si acaso, al día; desayune, almuerce, cene, y también meriende con “política”.

¡Ya está bueno! Esa debe ser la primera prioridad.

Convoco a toda Venezuela, tanto a la joven como a la no tan joven, a que salga ya a decir, a contar y a proponer las acciones inmediatas para la puesta en marcha de un plan de estabilización de la vida del venezolano, mientras se hace, se lleva a cabo, todo lo demás.

Un plan que le permita recuperar la calidad de vida mínima a las grandes mayorías del país, en un plazo no mayor de 100 días. Para algunas necesidades urgentes. Otras necesidades para cubrirlas en un año y por supuesto el sistema eléctrico que requerirá un tiempo mayor. Así como enfrentar la delincuencia y desalojar a los terroristas.

Venezuela, su gente, ya no puede seguir esperando indefinidamente por alguien en alguna parte del ciberespacio de lo político, que se «arreglen» entre ellos, para que la gente recupere su antigua calidad de vida robada por tantos años.

Mis amigos, eso no se logra tampoco con una transitoriedad política de 8 a 12 meses, mientras los de siempre están en campaña para las eternas elecciones de rigor. ¡Eso requiere de mucho más tiempo de transición!

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