Opinión

La motosierra cultural

Ariel Montoya* / Venezuela RED Informativa.us
 
Cuando el presidente de Argentina Javier Milei le regalo en Washington una motosierra al asesor presidencial Elon Musk, diciendo con semejante obsequio que la medicina para posicionar a la economía de Estados Unidos era recortar al máximo la burocracia, enfocarse en un gobierno limitado y frenar tanto asistencialismo en la primera potencia mundial, para que los Estados Unidos de América irrumpiera nuevamente en el gran mercado mundial para beneficio de su nación. En el campo de la cultura como creación artística dicho mandatario necesitaría tantas motosierras para cada gobierno, que no podría suplirse tanta demanda si en esta ocasión el mensaje fuera acabar con el vandalismo del marxismo cultural en las artes y en la sociedad y su adoctrinamiento perenne, en jóvenes y adultos, desde el propio asalto al Poder en la gélida Rusia de los Zares por parte de los comunistas, hasta el día de hoy.

Es un hecho que la “Batalla Cultural”, esa lucha que emprenden guerreros cívicos con el debate de la cultura, la comunicación y la política contra los desatinados adoctrinamientos y herencias provenientes del comunismo, debe ser promovida y reforzada por quienes aman la libertad y la democracia para combatirlo, dados sus antecedentes ideológicos en la manipulación política de toda esa izquierda, y lo dañina que esta ha sido para la humanidad.

Desde los orígenes de la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) pasando por la Europa del Este, el llamado “realismo socialista”, la Guerra Fría, el asalto de las guerrillas cubanas y nicaragüenses al Poder, entre otros hechos y todo ese tendido cultural que bajo el concepto de lucha de “sus revoluciones” se dieron, acabó con el arte puro, libre y autóctono de cada nación. De ese mal está cundida gran parte de la humanidad, pero Hispanoamérica en general, está peor aún, pues sus mitos y creadores mantienen viva en la memoria colectiva a través sobre todo de la música, la expectativa del retorno de regímenes socialistas. Hispanoamérica está podrida de esa plaga obscena hoy día conocida como marxismo cultural. ¡Menos mal que Joaquín Sabina en España ya se dio cuenta!
 
Y el reflejo de esa manipulación es palpable no solo en la región sino también en Norteamérica y Europa. Después de la emancipación justa (y justificada) del pueblo cubano el pasado 11 de julio de 2021, participé en algunas manifestaciones junto a la gran diáspora hispana en Washington, frente a la Casa Blanca en apoyo a ese agobiado pueblo, y cual fue mi susto cuando vi a jóvenes alzando sus puños contra el régimen de la Habana, vistiendo camisetas con la efigie del Che Guevara.  Los pobres muchachos, “tenajers”, e incluso algunos alumnos de la Universidad de Georgetown y otras en las que gozan de muy buenos profesores marxistas, en realidad no saben aún dónde están parados.

Ese Realismo Socialista y sus descendencias múltiples que exaltan valores comunistas no han desaparecido. Desapareció la URSS con la Perestroika, pero los efluvios del sistema no, desbaratando al arte puro y desarmado de toxicas banderas ideológicas que incluyen además la educación sexual en las escuelas, el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, la controversia sobre la representación de la diversidad en los medios de comunicación, la lucha de genero hasta el debate entre la derecha y la izquierda, entre conservadores y progresistas o entre minorías y grupos mayoritarios, la diversidad de género y su inclusión en la sociedad.

Y aunque ya esto ha empezado a cambiar   gracias al surgimiento de la “Batalla Cultural” y el trabajo de sus hacedores, queda aún mucho por hacer en esta guerra ideológica del marxismo cultural perenne y siempre dispuesto a infiltrarse en las nuevas juventudes. Si las nuevas generaciones supieran el por qué surgieron canciones como “Nathalie” de Gerard Becaud durante La Guerra Fría, “Las casas de cartón” de los Guaraguao en Venezuela, “Matando Canallas” de Silvio Rodríguez o “Nicaragua Nicaragüita” de Carlos Mejida Godoy —cantando de que ahora el pais es libre,  burlándose de su triste situación política—, y vieran la realidad bajo  los sistemas y gobiernos por las que las cantaron o cantan, quizás dejen de oirlas o hasta borrarlas de sus equipos de audio. Así Javier Milei no necesitaría regular ninguna motosierra cultural, ni perdería su tiempo tan valioso ocupado ahora en sacar a su país de la pobreza.

*El autor es escritor, periodista y político nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional

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