CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

La potente industria del voto-fraude

Definitivamente solo para aquellos que reciben algún tipo de beneficio de la potente industria del voto en Venezuela, las elecciones del 28 de julio son importantes.

Si usted que me lee o que me escucha también está afiliado a la Cámara Venezolana del Voto-Fraude, siga de largo y pase la página. No vale la pena: lo que yo digo no le va a gustar y, con toda seguridad, le va a molestar.

Yo ya tengo bastantes enemigos dentro y fuera del país por decir “cosas” que no le gusta oír ni al régimen, ni a todos aquellos que le hacen el “cuide” al coroto a la dictadura; bien sea a conciencia o solo por pendejos.

Supongo que usted tiene bien claro lo que está haciendo. Estoy seguro que usted sabe el porqué o el por cuánto es que piensa ir a votar. Ese es su asunto y verá cómo lo administra.

Pero si usted vive en Venezuela, y no es un enchufado, ni tiene posibilidades ciertas de convertirse en uno de ellos, le conviene recordar el tipo de vida de porquería en que viven tanto usted como su familia, como muchísimos de sus vecinos; así como mayoritariamente toda Venezuela.

Y todos esos “detallazos” ni están metidos ni permanecen ocultos en el saco de las creencias ni de las más lindas ofertas electorales de un futuro promisor, logrado a través del voto “encajonado”. Ese que por la buenas, y con el mejor sistema electoral del mundo, le pide tener mucha fe a María Corina y hasta al mismo espabilao de Manuel Rosales, para que el país mejore a punta de votos. Sin embargo, desprecian al no tomar en consideración y evaluar la respuesta de la gente el 3 de diciembre de 2023, cuando mayoritariamente se quedó en sus casas, como un paro cívico.

Pero, la realidad es como es. Y la “cochina realidad” no admite pinturita política.

El caso es que, el tipo de vida que usted o todos aquellos que usted dejó en Venezuela llevan viviendo desde hace años, no es lo que se espera para una nación que ha sido bendecida con uno de los territorios más ricos en recursos naturales del planeta Tierra.

Por eso no está fácil creer en alguna explicación u omisión posible sobre el porqué la gente en nuestro país tiene que vivir más de la mitad de los días, todos los días, sin electricidad en sus hogares, en los colegios de sus hijos, en los hospitales y en todos lados. Tampoco los candidatos abren la boca para denunciar estos problemas. ¿Cómo se llama eso?

Lo mismo que sucede con los trabajadores y pensionados, que reciben sueldos y jubilaciones en bolívares sin valor, mientras todos los bienes y servicios dentro del país se calculan, se compran y se venden en dólares.

Que no haya empleos y trabajos de alguna calidad que haga que nuestros jóvenes prefieran echarse a andar a través del Tapón del Darién, antes de permanecer muriéndose de mengua en un país arruinado para las grandes mayorías, pero muy próspero, para unos pocos. ¿Sigo, o se entiende el resto?

Por eso Venezuela: ¡No te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

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