El Fogón de la Editora

¡SENOR, DESATA TU FURIA SOBRE LAS PLAGAS!

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

¡Perdóname, Señor Dios Mío! Pero, ¿cuál otro, cuántos más viacrucis debe ofrecer la nación venezolana para honrar la muerte y resurrección de Jesús, Tu Hijo, en esta nueva Semana Santa que comienza este domingo?

¿Cuántos más sacrificios de vida debe realizar en tu nombre el pobre pueblo de Venezuela, dentro o fuera de su país, para recuperar su dignidad, sus corotos, su vida de gente alegre y buena, como siempre la llevó?

¿Cuáles y cuántas estaciones más de penitencias debe hacer una nación como la venezolana, exprimida por un pequeño grupo de maleantes de estado, que han hecho de su vida el infierno sobre la tierra?

Una nación sumida en las tinieblas de las prácticas primitivas de los ritos salvajes de África, que llevan a cabo sus gobernantes, pero que en realidad son sus “captores”. Unos individuos que practican un tipo de maldad como nunca antes se había conocido en Venezuela; pues Venezuela siempre fue un país de amor, de alegría y de rencor pasajero.

Ellos han sembrado la semilla del odio feroz y de la destrucción completa de todo lo que era bueno o, al menos, pudo haber sigo genuinamente mejorado.

Pero que hoy, en esta Semana Santa, lo tienen enterrado en el fondo de los siniestros corazones de todos los malvados del mundo feo que acompañan al régimen a saquear al país. Todos ellos, que el Cielo me perdone: ya no pueden ser considerados ni llamados venezolanos, a causa de todo el horror que han desatado en contra de Venezuela y de millones de familias enteras venezolanas.

Millones de personas sin luz, sin agua, sin los más mínimos servicios modernos de vida. Con la autoestima y la dignidad por los suelos, pisoteados por rufianes de dentro y de fuera del país, que se pavonean enseñando lo que le han robado a todo un pueblo.

Abuelos, mujeres y hombres en la ruina material, que solo reciben salarios y pensiones en forma de limosnas. Llevando las grandes mayorías en Venezuela una vida de penitencia obligada, impuesta por unos demonios sin escrúpulos. ¡Solo en ti confío, Señor!

Te ruego desates sobre todos los malvados del siglo XXI y sobre los sinvergüenzas que les acompañan en el maltrato al pueblo venezolano, la furia de las plagas que desataste sobre el Faraón de Egipto. Pero que esta vez sea para que ellos se vayan, se larguen del país. Que dejen a Venezuela y a los venezolanos tranquilos para siempre, y así volver a llevar una vida de paz y de prosperidad.

¡Que caiga solo sobre ellos el aliento de tu Infinita Justicia Divina! ¡Amén!

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