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La presidenta del TSJ y su tribu judicial en Guayana

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

En Venezuela todas las veredas de la justicia chueca terminan en la presidencia del TSJ ilegal. Gladys Gutiérrez, actual presidenta de esa cloaca, solo cuenta con un contundente mérito para haber alcanzado la punta de la pirámide dentro de ese poder. En su momento, y por muchos años, fue la cachifa que cuidaba del hijo drogadicto de Hugo Chávez. Hoy, también es “íntima amiga” de la mujer del colombiano Nicolás Maduro, con la cual, ¡por supuesto!, se reparte la cochina por el uso de la patente de corso concedida como pran del máximo tribunal.

En la cadena del vicio y de la corrupción judicial más descarada, la señora Gutiérrez cuenta, a su vez, con “trabajadoras judiciales” que martillan en su nombre. Igualito que sucede con la NARCOGUARDIA: el general pide una cantidad de dinero y sale todo el cuartel a buscar a quienes tumbar en la calle. Desde el guardia raso hasta el coronel se comprometen en el “cumplimento” de la orden, siempre dejando algunos poquitos dólares pegados a los uniformes de la cadena de mando.

La señora Gutiérrez, igualmente, cuenta con muchísimos incondicionales a lo largo y ancho de toda Venezuela. En Puerto Ordaz, por ejemplo, en el Segundo Circuito de la Circunscripción Judicial del Estado Bolívar también tiene a los “suyos”.

Nuevamente la jueza rectora, la doctora Mercedes Sánchez, es el puente entre la Gutiérrez y las marramuncias judiciales que se ventilan en Ciudad Guayana. Por cierto, también esa zona es riquísima en problemas entre grandes y medianas empresas, herencias y pare usted de contar.

Pero como en todas las organizaciones dedicadas al delito, entre las que vuelvo a incluir a la NARCOGUARDIA Nacional Bolivariana, al Tren de Aragua, al CNE, al SEBIM y todo lo que una vez fue el Estado Venezolano, ellas funcionan en perfecto orden y simetría jerárquica. ¡Dicen ellas es que a nadie le falta Dios!

Hasta los malos, que están despedazando a Venezuela y a los venezolanos, cuentan con sus “ángeles negros”, que les hacen el trabajo sucio. En Puerto Ordaz resulta que existe un tal “Zar de la Corrupción Judicial”. Un ingeniero, metidísimo en las empresas básicas y en la ultracorrupta PDVSA roja-rojita, llamado Freddy Ramírez. Este cuenta con un inefable secuaz, un abogado de nombre Carlos Bolívar. Ambos, «Martín y Frijolito», son conocidos en los predios judiciales de Bolívar como los «Juristas del Terror». ¡Dígame usted!

Así pues, este par de azotes acoquinan a los jueces, paran decisiones, cambian alegatos, manipulan los expedientes, ordenan que se peloteen y merodean por los pasillos de ese Circuito Judicial «como Pedro por su casa».

Por supuesto, apoyados por la señora jueza rectora, la doctora Mercedes Sánchez. Desde luego, poco importa que las abogadas María Teresa Muñoz y su hija, la también abogada Alejandra Mata, denuncien los atropellos de esta banda ante el SEBIM. ¡Para el caso que les van a hacer! Con una tela de araña como la que les acabo de contar, convendrán conmigo: hay que acabar con este sucio régimen. ¿O no?

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