La suerte de Venezuela es la suerte de América


Este es otro de los tantos “cuentos” que los rufianes del siglo XXI tendrán que aclarar bien pronto.
Porque, la presencia sostenida y permanente dentro del territorio venezolano de tropas de la Federación Rusa y mercenarios palestinos e iraníes jefeados desde Teherán, es una pavorosa realidad.
Lo mismo que la convivencia desde hace más de dos décadas con “expertos” en interrogatorios y “funcionarios” de todo tipo ubicados en los más altos puestos del aparato del estado venezolano; todos ellos controlados por Díaz-Canel desde La Habana. A esos “hermanos”, Maduro y sus rufianes llaman “colaboradores internacionales de la revolución bolivariana».
Muy por el contrario, si a cualquier cristiano que esté dentro o fuera de Venezuela se le ocurre la idea de solicitar ayuda en forma de un contingente armado cuyo objetivo consista en liberar a Venezuela de Maduro y de sus “colaboradores” entonces, quien lo diga, se convierte automáticamente en un “traidor a la patria”.
Lo buscan, lo persiguen, o le hacen un juicio en ausencia si no está allá, le amenazan con quitarle la cédula, la nacionalidad, le echan 30 años o le quitan la vida «suicidándolo» en alguna cárcel donde lo revuelven con el hampa común. ¡Qué raro! Y la verdad bien dicha es que como país, como raza, ni somos vagos, ni tampoco cobardes. Genéticamente el venezolano es un individuo arrojado, valiente y libertario. Cinco siglos de historia nos certifican.
Y no hablo solo de la independencia y los cojones de toda una nación para arrancar por las malas nuestra libertad, y la de medio subcontinente suramericano, al Imperio Español de principios del siglo XIX. Hablo de la Conquista y de la Colonia de nuestro territorio, que fue un largo episodio de piratas, forajidos y enemigos impuestos por la corona española. Sin mencionar un siglo completico que dedicamos a matarnos los unos con los otros con el propósito de “estabilizar” al país recién nacido, después de haber conseguido la independencia de España.
Por eso, a título informativo, para aquellos que no nos conocen como pueblo: ni somos vagos, ni culilluos, ni nos gusta tampoco que alguien nos venga a hacer los “mandados”.
El asunto es que, con estas joyitas insertadas en todos y cada uno de los espacios y rincones del país, haciendo todo el daño que sea para quedarse pegados al poder, no es fácil. Perdón: está bien jodío que el venezolano pueda salirse de esa calamidad a punta de marchas, protestas pacíficas y mentadas de madre al caliche.
Además, calcule usted: los principales aliados del régimen, por casi una generación de venezolanos, ha sido una oposición electorera y vendida, que ha estado bajo financiamiento y la conveniencia del Tren de Miraflores cada vez que Chávez o Maduro enseñaron la billetera.
Pero, ¿acaso no se están anotando ya para las siguientes elecciones de alcaldes y gobernadores inventadas por el régimen; con los mismos ingredientes del guiso echado a perder que tratan de hacerle tragar a Venezuela y al resto del mundo del 28 de julio? ¡Por favor! Al país le cuesta tener bien claro quiénes son los chavistas en Venezuela. ¿Si es la oposición de las mil elecciones por fraude o los angelitos de PSUV?, ¿quiénes son los malos de la película?
Sin embargo, y es muy importante decirlo, el miedo efectivamente es libre. No es casual que la convocatoria del 9 de enero que realizó María Corina resultará tan falta de gente. ¡De bolas!
Venezuela, que detesta en más de un 75% a Maduro y a su régimen, y que fue capaz de votar masivamente en su contra el 28 de julio, no salió mayoritariamente a llenar las calles del país ese día como ella y muchos esperábamos, simplemente por terror a las represalias de un régimen criminal
asistido por criminales.
Es que al venezolano de a pie, ese que sale a protestar porque no aguanta más, nadie lo protege. Nada ni nadie lo tienen bajo resguardo.
Al venezolano de estos fatídicos días que corren en Venezuela lo agarra cualquier policía de “rolito” y termina entre las garras de alguno de los sádicos iraníes o cubanos que tanto le “colaboran” a Maduro. De esos “hermanos” del régimen que dejó instalados el general Rodríguez Torrez en muchas de las “tumbas” que funcionan en el país.
Porque la otra gran verdad es que, Venezuela, está sola. O alguien nos ayuda sacar a patadas a esta gente del poder o el país terminará por desaparecer, tal y como alguna vez lo conocimos.
Pero, eso sí, que lo tengan bien claro las democracias de este hemisferio: a todos ustedes les tienen montada una peligrosísima fiesta de enemigos y maleantes sin escrúpulos del estilo de vida occidental. En la actual Venezuela, esa que está alquilada a lo más sucio del planeta Tierra, se está preparando un relajo peor que aquel que se armó con los cohetes que puso una vez la URSS en Cuba.
Poco importa que le creamos o no al próximo expresidente Joe Biden: Cuba, Irán, Rusia y China siguen siendo los principales propulsores y promotores del narcotráfico, la desestabilización y del terrorismo mundial en todas sus formas, presentaciones y regiones.
No es verdad: el régimen que está matando al pobre pueblo cubano de la isla, no solicitó su admisión en la Orden de las Carmelitas Descalzas a última hora del mandato del señor Biden.
Nuevamente, el próximo expresidente de este gran país, se equivocó. Descertificar al régimen cubano como promotor de la industria del terrorismo no cambia para nada la realidad.
Que todo el mundo lo tenga muy claro: lo que significa un desastre para Venezuela y para los venezolanos, para el resto del mundo libre indica el camino derechito hacia la fea entrada del foso por donde se asoma el mismísimo infierno para todo el planeta. Dicha toda esta larga perorata, solo me queda concluir que: ¡este peo es de medio mundo!
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