CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Las desapariciones

Las desapariciones forzadas de líderes políticos, periodistas y operadores sindicales en Venezuela están, hoy más que nunca, a la orden del día.

Lo que más escuchamos, y resultan ser más “llamativo”, son aquellos secuestrados por el régimen de Maduro relacionados con los «mariocorinos»; y también a varios elementos de la oposición de siempre en Venezuela, seguramente enemistados a última hora con el régimen, que los terminan recogiendo por babosos.

Pero se está dejando detrás de las puertas las “extrañas” desapariciones de cuadros sindicales que, sin son ni ton, una buena tarde de la vida no regresan nunca más a sus casas.

Hombres y algunas mujeres se nos están perdiendo en la niebla de la dictadura en Venezuela. Nadie sabe de ellos. Nadie da cuenta de ellos. Por único paradero, lo único que dicen aquellos que tienen los riñones de aun llamarse “autoridades”, es informar que segurito se fueron de parranda; que ya regresarán.

Varias docenas de trabajadores comprometidos con las reivindicaciones laborales de los trabajadores petroleros en Venezuela se están “perdiendo” del mapa. Muchos de ellos activos en el Complejo Refinador de Paraguaná, en el estado Falcón. ¡Desaparecen y punto!

Refinería, por cierto, bajo control operativo de una emprensa de origen chino, impuesta en Venezuela por el partido comunista de ese país. Demás está decir que con los “lumpias” es prácticamente imposible entenderse. Cuando alguien les pregunta por el posible destino de los trabajadores “perdidos”, simplemente se hacen los chinos.

Las malas cuentas, las cuentas típicas del régimen de Caracas, dan a que se los están llevando. Sabrá Dios para dónde y en qué condiciones deben estar.

El obvio que todo indica que los sacan de la jugada para que no estorben las operaciones que están llevando a cabo las sanguijuelas puestas por China en los pocos activos con que aún medio cuenta Venezuela; para cobrarse una y mil veces la ridícula y siempre en aumento deuda que dicen ellos que existe entre el régimen y las operadoras del partido comunista convertidas en empresas “mixtas”.

Ya sabemos de lo incómodo que resulta para los chinos cualquier expresión de exigencia o presión de naturaleza laboral en sus explotaciones. Para ellos un trabajador es algo más parecido a un esclavo de los de antes; solo que a estos no lo tienen ni que alimentar, ni que vestir, ni mucho menos curar si acaso llegan a tener un percance.

Ellos, los chinos, funcionan, allá en China y en donde lleven sus dineros, como unas grandes maquilas y fábricas de miserias, muchas veces a cielo abierto, donde el trabajador es un factor completamente desechable y sustituible en cualquier momento del proceso de producción.

Para ellos, para los chinos, ¿qué necesidad podría tener cualquier emplazamiento de producción, de contar con operadores laborales que presionen por humanizar y civilizar la gestión del trabajo?

Ninguna, solo molestias. Y, en la Venezuela de Nicolás Maduro se dice y se hace todo aquello que desean los “hermanos mayores”.

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