El Fogón de la Editora

Mujeres

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

El gentilicio de las mujeres venezolanas es el de las guerreras, el de las luchadoras. El de las niñas que ayudan en la crianza de los hermanitos menores en la casa. A las que enseñan desde pequeñas a pasar coleto y barrer el piso, preparar arepas y no dejarse nunca, pero nunca, embromar por ningún hombre

A las que las madres, las tía y las abuelas les insisten que tienen que estudiar. Que tienen que ser suficientes, no dependientes de ningún hombre. Menos si es fastidioso, violento o grosero. Porque la venezolana no es sumisa, no se la cala. Ama como una fiera y defiende a sus muchachos como una pantera. Somos nosotras quienes llevamos invictas por varias generaciones en mi país de origen las estadísticas de las universidades y centros de enseñanza superior; siempre somos más que los hombres, en casi cualquier carrera, en casi cualquier disciplina o nivel de estudio.

Con o sin hijos, solteras, casadas, arrejuntadas o abandonadas, hay mucho más mujeres profesionales en Venezuela que hombres, desde hace más de 40 años para acá. Y con notas, con desempeños siempre superiores; con o sin obligaciones familiares a las cuales responder.

Sin feminismo, la venezolana no se quedó como Miss, transcendió como madre, como profesional, como activista, como ser humano.

Eso, y mucho más, es el verdadero gentilicio de la mujer venezolana. No esas que el régimen de Caracas nos está enseñando, esas que se han burlado de la miseria, de la pobreza colectiva a la que el régimen ha arrastrado a todo el país.

El régimen y las “muñecas” que muestra; y las que mantiene operativas. Las que están guardaditas, escondidas entre las ruinas de instituciones destruidas, sucias y acabadas para hacer de todo un país, de todo un territorio, un burdel de carretera.

En donde solo caben las mujerzuelas del régimen. Las de la plata fácil, las de la plata sucia, las de la plata ajena. Las mujerzuelas de la corrupción en Venezuela no somos todas. Solo son un feo puñado de bandidas sinvergüenzas y sin escrúpulos; ellas también son parte del problema-país. Pero son las menos, porque el país y sus mujeres buenas, luchadoras y trabajadoras somos más.

Pero las grandes mayorías de las mujeres de mi tierra son, en un porcentaje infinitamente grande, parte la solución. ¡Que nadie se equivoque!

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