CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

No me defiendan compadres

El asunto electoral en Venezuela consiste en el viejo y muy gastado cuento de la supuesta trampa que llevan a cabo quienes adversan a las dictaduras cuando estas van a elecciones.

Como siempre sucede, los pueblos triunfan de rabo alzao. Es entonces cuando al dictador le da por inventarse cualquier disparate para tratar de mantenerse pegado al poder, con la primera que se le ocurra.

Y, desde luego, solo se lo creen los gobiernos de aquellos países cómplices que están muy interesados en creérselo.

Igualmente lo sabemos muy bien. Los venezolanos también nos conocemos la canción: petróleo y gas barato, concesiones de todo tipo en minería y mano de obra esclava mata a cualquier solidaridad democrática.

Por supuesto que de los gobiernos compinches en el saqueo del país, nunca hay nada bueno o que realmente valga la pena esperar de cualquiera de ellos. ¡No dan para eso!

De los demás, de los países buenos y amigos, pues todo tiene su momento. Maduro y sus gánsteres los tienen engolosinados con los recursos fáciles de los cuales ellos disponen como si fuesen de su propiedad. El dinero de la muy rica Venezuela da hasta para comprarse la presidencia dentro del Consejo General de las Naciones Unidas para América Latina a un país fallido.

¡Así se moverán a punta de realazos aquellos delincuentes! No digo solo con fulanos como Rodríguez Zapatero, Petro, el narco-reino de Noruega, las otras joyitas de la lavandería del reino de España, el Chile de Boric y el inefable Lula del Brasil de Norberto Odebrecht; ahora todos metidos a mediadores y buenos componedores de los fraudes electorales de la Venezuela del siglo XXI.

Entonces los Garantes del Acuerdo de Barbados de la noche a la mañana se metamorfosean en mediadores, bandidos es lo que son.

Un gentío de afuera dice estar con la verdad, los resultados electores verdaderos y la ansiedad del pueblo venezolano en recuperar sus libertades y su vieja calidad de vida.

“Dicen” una cosa un día, y se corrigen al siguiente.

¡»Poderoso caballero don dinero», decía el buen Quevedo! Por el otro lado, por el lado que menos interesa: está el pueblo venezolano. Una nación partida en más de 8 millones de pedazos, dando tumbos literalmente por todo el mundo. Un pueblo que nadie defiende, ni toman en cuenta, pues la peste llegó al país solita; buena parte del pueblo venezolano hace muchos años votó por un embustero como Hugo Chávez. Que lo mismo que ocurre con las enfermedades atroces en el cuerpo humano, se fue metiendo y carcomiendo célula por célula, poder por poder, institución tras institución hasta convertir a uno de los países más ricos del mundo casi que en un camposanto administrado por quienes creen ser sus dueños.

Por eso, salir a “cobrar” nuestra libertad no está fácil. Pero Venezuela tiene a Venezuela. Y Venezuela ha demostrado mil veces ser más grande que el compromiso que se le presenta.

¡La historia no miente!

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