El Fogón de la Editora

¡NOS CAMBIARON A DELCY ELOÍNA POR LA CAPERUCITA ROJA!

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

¡No, no, no! ¡Fin de mundo! ¡Morrocoy llamando a cachicamo conchúo! Si no fuera porque esa mujercita se las debe a todo un país y tiene acumuladas tantísimas cuentas pendientes por pagar con la justicia, que debe existir el Día Después que salgamos de estos malvados, uno hasta le reiría las estupideces a Delcy Rodríguez.

Según ella dice, increíble, al presidente de Guyana le interesa mucho más preservar los contratos de explotación que tiene ese país con la ExxonMobil, que la prosperidad de su propio pueblo. Que para los políticos de Guyana lo primero son los negocios, los bolsillos de todos esos orangutanes, las relaciones que les produce plata con la British Petroleum y todos sus guisos, antes que la salud, la educación y la prosperidad de sus ciudadanos.

O sea: quien ofrece esas declaraciones es nada más y nada menos que la equivalente venezolana de la Madre Teresa de Calcuta. ¡Una mujer muy espiritual!

Esa “jovencita” desde luego que no tiene nada que ver con el tráfico de oro o de drogas al amparo de lo que fue una vez un estado, y bajo la protección de potencias neocoloniales que controlan buena parte de Venezuela.

Tampoco la señorita Delcy Rodríguez está involucrada en los mil NEGOCIOS REDONDOS que tienen en común el régimen de Caracas con el sombrío mundo árabe. Muy en particular con el tenebroso aparato del mal y del terror de los iraníes, Hamás y los palestinos radicales, a quienes les fascina hacerle daño al estado de Israel y a los judíos regados por todo el mundo.

Y ni decir que tampoco Delcy Eloína está metida en las tramas que existen entre el gobierno del reino de España y los bolichicos con sede en Madrid; todos ellos “agentes” de paz para todos los negocios con dinero robado por Maduro y su gente en Andorra, Mónaco, Malta y finalmente en Qatar.

Total que esa “niña” es también sorda, ciega y muda. Delcy nos insinúa con completa falta de vergüenza que ella es el símbolo viviente del esfuerzo de transferencia de las riquezas venezolanas en forma de políticas públicas en hospitales, medicamentos, combustibles, educación y seguridad ciudadana.

Señores: ¡Nos cambiaron a Delcy Eloína por la Caperucita Roja!

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