CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Maduro: «¡El Efectivo es nuestro!»

Resulta que ahora en todo el continente americano, y también en el resto del mundo, hay que tener muchísimo cuidado con las frases o las palabras que se sueltan sobre Venezuela y su régimen. Si se pretende hacer buenos negocios con materias primas robadas, crudo y gas de todos los venezolanos negociados como mercancía proveniente del hurto por parte de la dictadura, hay que tener mucho cuidado con lo que se dice.

La gentuza del siglo XXI está muy sensible en estos días. Lo del referéndum consultivo del domingo los trae patas «parriba». Ni Guaidó con su mantra. El régimen tiene pegado su nuevo eslogan en calcomanías sobre radiopatrullas, vehículos militares y camionetas de ministerios: «¡El Efectivo es nuestro!».

Es que es muy lógico. Ya vemos como para el Departamento de Estado de Estados Unidos en Venezuela no está pasando nada. Para esta gente, Venezuela solo atraviesa por un episodio de baja identidad democrática. Venezuela es rica en recursos, la gente va a votar en las primarias de la oposición libremente, escoge a una candidata que no puede medirse con Maduro el año que viene porque está inhabilitada, no hay agua, ni luz, ni empleos, la gente huye a través de la selva del Darién a todo riesgo, pero allá todo funciona a las mil maravillas.

Muy por el contrario, para el presidente Nayib Bukele de El Salvador, Venezuela solo es una hampocracia. Un estado controlado por pandillas, bajo el paraguas de protección de potencias como Cuba, Rusia, China e Irán. Lo peor y más siniestro del planeta Tierra.

Y otra cosa muy distinta piensan los canadienses. Igual que llevan añales chupándole la sangre al pobre pueblo cubano con sus negocios turbios con el régimen castrista, están a tiro de reenviar a su embajador a Caracas.

Para Venezuela no hay policía montada, ni Sargento Preston ni perro King. Empresas y empresarios del Canadá tienen mucho en juego en nuestro país. Minas de oro en plena producción en El Callao y suculentos contratos para «y que» reparar la electricidad que no funciona en el país; de esos contratos que se cobran pero que nunca se ejecutan. Todo ello, y mucho más, mantiene al Canadá firmemente atado a los bolsillos de la dictadura.

Quien está en cambio bien “jodío”, y le pongo comillas, letra en negritas y cursiva a esa palabrota, es el recién electo presidente de Argentina, el doctor Javier Milei.

Porque resulta que al presidente Milei se le ocurrió decir las cosas como realmente son. Que Nicolás Maduro en un vulgar dictador y tiene a todo su pueblo en la ruina. Que no sirve para otro asunto que no sea el de robar, secuestrar y matar a la disidencia nacional.

Total que hasta ahí llegaron las buenas relaciones que construyó Alberto Fernández con la NARCOCRACIA venezolana. La bonita amistad de basura a basura quedó solo para el recuerdo.

Maduro tendrá que despedirse definidamente de las devoluciones de avioncitos de CONVIASA apestados con trazas de cocaína. Se acabaron las manitas alzadas en la ONU y la OEA a favor de los disparates bolivarianos. ¡Total que con Argentina no cuente!

Bien sencillito: el triángulo equilátero Venezuela-Brasil-Argentina perdió uno de sus ángulos. Y como las cosas son como son, y no necesariamente como el Departamento de Estado de este país pretende hacernos creer a muchos: las relaciones internacionales entre Venezuela y Argentina, cuando menos, se van a “enfriar”.

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