Nunca dijeron ni pío


Por 26 años ningún país civilizado del planeta alzó la voz contra las torturas, las desapariciones de estado, los crímenes y las encarcelaciones de cuanto venezolano no estuviera conforme con la vida de porquería que el régimen de Miraflores le impuso a Venezuela.
Ningún gobierno del mundo decente se tomó jamás en serio el clamor de un país desangrado, arruinado y despreciado que mostró como un tercio de su población huía adonde fuera y como fuera por un pedazo de futuro y libertad, espantado por los rufianes del siglo XXI.
Ni qué decir sobre las docenas de elecciones llevadas a cabo a través del “mejor sistema electoral del mundo”, que hasta para un niño pequeño fueron todas trampas y fraudes electorales arreglados con la complicidad de la oposición tarifada por el régimen. ¡Y nunca dijeron ni pío!
De eso, de eso, ningún gobierno habló jamás. Sin importar todo cuanto la resistencia, el país decente y bueno, tratara de hacer para visibilizar a un territorio sin ley ni moral, convertido en un enorme campo de concentración manejado por el hampa.
Pero es que tampoco las administraciones de George W. Bush hijo, la de Barack Obama, ni mucho menos la de Joe Biden en los Estados Unidos de Norteamérica se tomaron en serio el cáncer y la metástasis hemisférica que significa el régimen de Miraflores, el Cartel de los Soles, el Tren de Aragua y las peligrosísimas relaciones tanto de Chávez como de Maduro con los chinos, los rusos, los iraníes, los cubanos de la dictadura de La Habana y la guerrilla colombiana, quien desplazó su área de influencia a Venezuela por arreglos con el régimen. Todo esto pueden leerlo en mi libro «CaraECrimen» y «Los destructores de Venezuela» de otro autor venezolano.
¿Y ahora qué? ¿Ahora justamente los mismos gobernantes de mierda de todos esos países que les dio por ser ciegos, sordos y mudos con el horror que han vivido Venezuela y sus venezolanos, ahora ponen el grito en el cielo?
Todos esos cómplices dicen estar preocupados porque el 20% de la flota norteamericana lleve un tiempo en las cercanías de Venezuela, con la intención firme y clara de acabar con el Cartel de los Soles y promover un cambio de régimen.
O sea: ¿tanto molesta que finalmente Norteamérica se apiade de una nación mayoritariamente indefensa, atrapada en las garras de un grupo de hampones y rufianes de la peor especie, que dicen ser el “gobierno legítimo de Venezuela»?
Hay que ser hijos de putas y, sobre todo, parte del problema que sufre todo nuestro Hemisferio, con unos gobernantes como los que dicen estar tan preocupados por lo que le pueda suceder a Maduro y a los facinerosos que tienen atrapada a Venezuela. ¡Qué cosa!
¿No recuerdo haber escuchado ni el mismo tono, ni mucho menos la misma preocupación por el último fraude electoral, totalmente documentado, que llevó a cabo el régimen en contra del mayoritario voto popular de los votantes venezolanos el 28 de julio antepasado.
Sin embargo es ahora cuando Lula, Pedro Sánchez, Petro, la Sheinbaum, que fueron garantes del acuerdo de Barbados para garantizar la paz y para supervisar las elecciones del 28 de julio; ahora tantos más dicen estar preocupadísimos porque una fuerza liberadora está lista para acabar con el régimen de Caracas y detener las fechorías que lleva a cabo; tanto hacia el resto del mundo, como hacia adentro de nuestro país desde hace tantos años.
Pregunto: ¿eso es solidaridad automática o simplemente poner barbas y moños en remojo por lo que les viene encima después de que Venezuela sea desinfectada?
Por favor: Si no hicieron nada decente por todo lo malo que nuestra nación ha sufrido durante casi treinta años, es estúpido que quieran lucirse en este momento con el único que ha pensado en nuestra nación para hacernos libres otra vez, el presidente Donald Trump.
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