CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Patria para pocos

¡Vamos a dejarnos de soqueteadas! Mientras la FIAT italiana anuncie emocionada su regreso a Venezuela; las líneas aéreas bandera de Europa hace buen rato que ya sirven al aeropuerto de Maiquetía; la industria automotriz colombiana coloca algo así como 12 mil vehículos nuevos, para reponer el parque de chatarra que circula por nuestro país con unos 18 años promedio de retraso. Mientras el régimen de Miraflores facilite la realización de negocios como sea y al precio que sea con los factores y recursos con que cuenta Venezuela, allá, al Norte de la América del Sur, no estará pasando nada.

Cualquier transnacional de medio pelo se conecta con alguno de los “especialistas en negocios de la Venezuela del siglo XXI” con una buena maleta de dinero. Una transferencia limpia de fondos de representación que termina en Qatar. Y, por supuesto, una participación societaria asegurada para Maduro, Padrino o Diosdado, o cualquiera de sus testaferros, y acaba de entrar blindado y a cero riesgo en el mundo de los negocios del siglo XXI.

De ahí la existencia del falso supuesto de la Venezuela próspera y en crecimiento que publicita el régimen.

Así las cosas, allá en nuestro país todo está normal. Todo va viento en popa. Por eso es que Maduro, en su Memoria & Cuentos, ante sus focas amaestradas de la Asamblea Nacional, habla de cifras de crecimiento y de una prosperidad fantasiosa dentro de un país-conuco controlado por los encargados. ¡Como si nada!

Para el régimen y su microuniverso de enchufados, hampones de la política, jueces corruptos, funcionarios hambreados que modelan conductas cada vez más perversas, gobiernos “amigos” o “cegatos” que miran para el lado contrario de las grandes mayorías del país con 01 en moral, la Venezuela en revolución “avanza”.

El país completico es manejado con los mismos criterios que utiliza la mafia siciliana para llevar a cabo sus negocios. Por eso sueltan lo del 3% de crecimiento, que ni el Fondo Monetario Internacional ni el Banco Mundial se atreven a contradecir.

Sin lugar a duda: están creciendo increíblemente los ingresos de una pequeñísima parte de los venezolanos, que se están robando a manos llenas todo lo que es del resto.

Y está más que visto: el quid del asunto está en el reparto de las riquezas que se producen en el país. Y eso también está visto: ¡con la limosna del régimen nadie se mete! Esa plata es de Maduro-Padrino-Diosdado, y lo que se caiga al piso, lo que sobre, será a repartir.

Total, en la Venezuela del siglo XXI cada vez se produce más prosperidad, pero para muy pocos; y mucha, muchísima miseria, para muchos. El resto del país, el resto del pueblo venezolano, como gusta decir a Maduro: ¡que no se vistan, que no van!

Quizá esa sea la razón por la cual si un adulto le pregunta a uno de nuestros millones de niños de la desnutrición, del semianalfabetismo y de las tallas cada vez más reducidas, qué sueña ser cuando sea grande, la respuesta inmediata seguramente será: ¡UN ENCHUFADO!

Esto tiene que acabar. Pues están acabando con el pueblo de Venezuela.

Por eso, Venezuela: ¡no te sigas dejando joder!

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