El Fogón de la Editora

¡QUÉ DOLOR!

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Sin ningún tipo de consideración por lo humano, tanto la dictadura como su oposición en Venezuela, miran el espinoso asunto de los cientos de venezolanos que atraviesan diariamente la Selva del Darién como si nada.

Para el régimen de Caracas, las Marchas de la Muerte, los caimanes nadando con seres humanos atravesados entre sus dientes, simplemente no existen. Si acaso son uno que otro boliviano o haitiano que se extraviaron en algún cruce de caminos. Para la dictadura no hay venezolanos huyendo del país, en ruta a la frontera sur de Estados Unidos, a ver si la pegan. Muchísimo menos hay cubanos despavoridos, que tratan de recuperarse del último robo sobre su dignidad de país destrozado que realizó Barack Obama. El último chiste de un tipo inmisericorde que, para complacer al criminal de Raúl Castro, derogó la “Ley Pies Mojados, Pies Secos”, haciendo imposible que ese pueblo alcanzará la libertad lanzándose al mar, como muchos cubanos consiguieron antes de su administración.

Y, en cuanto a la oposición en Venezuela: ¡bien gracias! Están consagrados en “arreglarse” entre ellos. Se están peleando como gallinas, para ver qué grupo, qué banda, se queda con la “limosna” de los reales para la campaña. Plata que, con toda seguridad, va a poner la mismísima dictadura para que todo el sarao le salga bien bonito y democrático en 2024.

Lo único serio es que, para ambos grupos, Venezuela no existe, ni mucho menos se está desangrando como nación. Ni por el Darién, ni por las Islas del Caribe, ni por Estados Unidos, ni por Europa. Venezuela está feliz, solo que muy mal comunicada por sus enemigos de siempre.

Y la única verdad que existe es que si dentro del país la vida es oscura, sin agua, con precios que la gente no puede pagar; tampoco es que la Venezuela regada por los cuatro confines del mundo vive en la abundancia y a manos llenas. Esa Venezuela trabaja, muchas veces es explotada, le da muy duro y vive al día.

Mientras que régimen y oposición solo piensan en mantenerse, en perpetuarse, en su sabrosa forma de vivir la vida.

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