El Fogón de la Editora

SANTIAGO DE CUBA


Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

En Santiago de Chile secuestran, asesinan y entierran debajo de un rancho en un barrio al teniente Ronald Ojeda, un joven valeroso de la Resistencia venezolana. Todo hace pensar que se trata de una trama de complicidades entre el gobierno de Gabriel Boric y el HAMPONATO de Miraflores.

¡No extrañaría! Muy por el contrario, en Santiago, pero de Cuba, las cosas están que arden. El pueblo otra vez rebosó a sus vigilantes, a sus sapos de calle y a un régimen tiránico, inepto y ladrón que ya casi cumple 85 años de humillaciones, malos tratos, hambre y desesperación pareja saliendo a protestar.

Pérez-Canel, el títere del malvado anciano Raúl Castro, explica que la situación consiste en unos “pocos” desadaptados expresando su disconformidad en una democracia participativa y protagónica.

Ya sabemos, el mismo disco rayado que suena en Venezuela. La gente protesta por ocio. La gente sale a manifestar su descontento porque son “piti-yanquis” y otra lista más de explicaciones totalmente estúpidas, contadas desde los palacios protegidos donde viven como príncipes quienes llevan matando por casi cuatro generaciones al pueblo cubano.

La gente, el pueblo pata en el suelo, sale a “fajarse”, como dicen ellos, porque también los están extinguiendo. Ya no hay forma de arreglo alguno. La suerte de las grandes mayorías cubanas está echada. Gracias a Barack Obama, el mejor de los amigos de los genocidas Castro, que complació en su último día de gobierno a Raúl, puso su granito de horror al servicio de esa dictadura. Quien sea lo suficientemente temerario de lanzarse en dos tripas y cuatro tablas con destino a la libertad en la Florida en un mar infestado de tiburones, será devuelto como criminal a la Isla. Más o menos como las propuestas de cerrar el Tapón de Darién para los venezolanos que ya están asomándose en Colombia y en Panamá.

Igualito. Los cubanos en Santiago de Cuba gritan y protestan con una consigna pegada en los labios. Porque para ellos “el hambre mató al miedo”. ¿Qué tal?

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