CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

¡Sí Luis!

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us

Esto ni es un secreto ni se puede ocultar: las condiciones contractuales de los trabajadores del estado en Venezuela se han deteriorado a la misma velocidad en que el régimen ha convertido en chatarra y óxido a todas las empresas públicas del país.

Un estado roto y fallido ha transformado a las empresas pertenecientes a toda la nación, en un depósito de obreros, empleados y trabajadores víctimas por retruque de la incompetencia y de la más completa y descarada corrupción. De un estado dedicado al crimen organizado no se puede esperar que las empresas del sector público funcionen, mucho menos que garanticen la calidad de vida de sus trabajadores.

Los motores y las máquinas se pueden parar por falta de repuestos o por la falta de pericia de los cuadros gerenciales, pero a los trabajadores y a sus familias no se les puede arrumar en un galpón, como si fueran los sopotocientos vagones estropeados del Metro de Caracas.

El régimen de Miraflores, ante la ola de protestas por el desmejoramiento del salario y de las condiciones contractuales de los trabajadores del sector público, solo responde pegándose al discurso choreto de las sanciones internacionales.

El mismo disco con el cual el régimen quiere explicar la ruina del sistema eléctrico nacional, la extinción de las empresas básicas del país, la infraestructura vial destruida, la salud pública extinta y la educación que anda con muletas por toda Venezuela.

La verdad es que Maduro y sus compinches le entregaron las empresas de Guayana, los metros, los trenes, las centrales azucareras, las corporaciones eléctricas, de agua y telefonía, así como el resto del inventario de empresas propiedad del estado venezolano, a una chorrera de militares y extranjeros incapaces; solo para que fueran robadas y saqueadas a plena luz del día.

Y ahora los trabajadores de Venezuela son los malos; se les acusa de estar “poco comprometidos con el país”. El régimen pretende que con esos míseros sueldos y condiciones laborales cada vez más y más desmejoradas, continúen trabajando y, de paso, con la boca cerrada. ¡SÍ LUIS!

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