CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Sin penas ni glorias

El salario y la pensión mínima para los trabajadores en Venezuela siguen envueltos en una trama del tipo macarronada zuliana. Bien enredado, lo cierto es que al venezolano de a pie solo le llegan 130 bolívares, más un miserable aumento que no toca ni a los 10 dólares indexados por mes. Todo ello horneado en ingredientes y nombretes de bonos sin pies ni cabezas, que, en el mejor de los casos, impacta a unos 10 millones de individuos de un total de 30 millones inscritos en condición de venezolanos pelabolas. Desde luego: poquísimos conocen la calidad cierta de ese montonón de gente; pero sin duda suena a robo, peculado y chanchullo del siglo XXI.

Maduro tira el decreto y su compinche en materia de atracar a los trabajadores, Francisco Torrealba, se encarga de “aclarar” las cuentas. Jamás y nunca los venezolanos llegan a cobrar ni tan siquiera los 200 dólares indexados por mes, que le ayudaría en la vida a la gente que vive allá.

El régimen del presidente obrero-colombiano continúa asfixiando a los venezolanos que trabajan por salarios y pensiones de hambre. Mientras, la inflación doméstica en Venezuela cada vez es mayor y no se mueve el tipo de cambio. Este se mantiene casi que clavado entre los 36 y los 38 bolívares por dólar. La participación de la Mesa de Cambios del Central cada vez es más activa y voluminosa, pues alimenta una demanda en su mayoría dedicada fundamentalmente al lavado de dinero sucio.

No podemos olvidar que gracias al denodado esfuerzo de la administración del presidente norteamericano Joe Biden y del trabajo incansable de la CHEVRON en Venezuela, las cada vez más confusas cuentas públicas de ingresos por venta de petróleo venezolano son también cada día mayores. Lo curioso de todo ese desastre es que esos enormes ingresos producto de la venta de hidrocarburos y el narcotráfico, dan cada vez más reales para hacer menos.

Total, el desprecio que practica el régimen de Miraflores por las necesidades de los venezolanos de a pie resulta políticamente absurdo. Si consideramos que están a un horizonte de menos de tres meses de la realización de un evento electoral, que busca la reelección con el voto popular del caliche, es inexplicable que las compensaciones salariales sean tan pobres.

Eso nos confirma que el régimen muestra una seguridad total sobre el control colectivo de los electores del 28 de julio. La absoluta certeza sobre la eficacia de las trampas a su favor dentro del estómago del “mejor sistema electoral del mundo” convierten a Maduro y sus secuaces en guapos y apoyados. Con solo demagogia, discursos imbéciles y accidentes odontológicos de la primera combatiente parece ser más que suficiente para trampear por tercera vez al país y al mundo que se hace el policía de Valera.

Maduro triunfa en las máquinas con 10.5 millones de votos de los cada vez más empobrecidos venezolanos del siglo XXI, y seguramente el empantuflado llamará a la calma popular y a la negoción de los bolsillos.

Por eso Venezuela: ¡No te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

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