El Fogón de la Editora

UNA PLEGARIA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

¡Feliz Año Nuevo, Venezuela! Aunque ese deseo hoy parezca un mal chiste, no podemos, no debemos perder la esperanza en volver a tener un país, nuestro país.

Estamos obligados a luchar y hacer cosas para recuperar lo que estos malvivientes del siglo XXI nos han robado: la vida y las navidades venezolanas. Se lo debemos a nuestros abuelos, a nuestros hijos y a nuestros nietos. Si Chávez y sus compinches fueron y todavía son un castigo en forma colectiva por los pecados acumulados por una nación bonchona y despreocupada, ya pagamos con intereses compuestos la culpa. Ya está bueno. ¡Ya fue suficiente!

Porque ya ningún venezolano sale a la calle con una maleta en la mano vestido de fiesta, para darle una vuelta a la manzana en vísperas del cañonazo. Porque ya el país no turistea. Porque ahora el país huye despavorido de la matraca pública como forma de estado, de la falta de trabajos, de los salarios y de las pensiones de hambre en forma de bolívares que no alcanzan para comprar nada de todo lo que se consigue, pero en dólares. Del miedo y de la angustia que significa vivir en un país controlado por ladrones y matones, que no tienen ningún respeto ni por lo ajeno ni por la vida humana.

Venezuela es más que territorio regalado a los iraníes. O santuario de la guerrilla colombiana o de las mafias sirias que están regadas por todo nuestro país. Venezuela es la Virgen de La Chinita, la Virgen de la Coromoto y el Venerable Doctor José Gregorio Hernández. Venezuela es buena, linda y con gente alegre; aunque hoy inevitablemente muchos estemos tristes.

Venezuela no es macumbé, santería, ni hechicería. Eso es solo el otro lado sucio de lo que se han traído de Cuba, quienes controlan y dominan con trampas lo que fue antes un país libre e independiente.

Venezuela es mucho más que petróleo, gas y minerales. Venezuela es gente, humanidad, amor y profunda solidaridad entre nosotros y con otros.

Hoy el país es un accidente. Una equivocación que estos rufianes del siglo XXI aprovechan como lo que son, hampones de esquina. Para atormentar la vida de aquellos que dejamos allá y de los que estamos por afuera.

Pero eso tiene que cambiar. Y el cambio está en lo profundo de cada mujer, de cada hombre o de niño que siente y piense en venezolano. Dios mío: ¡danos fe!

Dios no permitas que estos malvados se lleven, nos roben lo último que nos queda: la completa y total seguridad de que saldremos de esta pesadilla y recobraremos a nuestro país. ¡Amén!

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