El Fogón de la Editora

VENEZUELA MARGINADA Y SIN UN REAL

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Con el debut año tras año de los feroces ciclones y huracanes que salen del Caribe, se repite la temporada de desgracias naturales en Venezuela.

Con tres buenos aguaceros Caracas colapsa, Barquisimeto se hunde, Maracaibo forma parte del Lago y San Cristóbal, Mérida, Valencia y Maracay se declaran en alarma. Siempre lo mismo, siempre igual. Las enfermedades de las “aguas” se multiplican y siempre son los niños y los ancianos quienes terminan fuera de combate. En una población con cada vez más abuelos cuidando a sus nietos, cuyos padres y madres se encuentran trabajando en cualquier parte del mundo, allá casi nadie la tiene fácil.

¡A Venezuela las desgracias no le llegan solas! A los deslaves, las enfermedades estomacales y las gripes por todos lados, hay que sumarles un régimen que desmanteló el sistema nacional de salud pública y se lo entregó a las ratoneras de barrio adentro. Como quien cambalachea fuertes por medios, el país se quedó sin médicos dentro del sector público y los reemplazó con individuos disfrazados de chicheros, que todo lo pretenden curar con pastillitas de remedios de mentiras; que ni el pobre pueblo cubano en su tierra cuenta para hacerse la ilusión psicológica, el placebo, que detiene la diarrea.

Desde Ecuador hasta el último cabo de la Costa Este de Estados Unidos, las tormentas y las lluvias de todos los veranos dificultarán vuelos, quizás hasta crearán huracanes que le pegaran durísimo a todos nuestros países.

Pero, en Venezuela, el régimen malvado de Maduro no tomará ningún tipo de medida o previsión para responder a la inclemencia de los vientos y las aguas. Porque para ellos la gente no tiene importancia alguna, no tiene valor, son solo fantasmas difusos que si están, bien, y si no, pues también.

Cuando se les desplome otro pueblo completo, como ocurrió con Las Tejerías, verán qué le sacan. Qué aprovechan de la emergencia, qué les roban a los desvalidos que quedaron sin techo. Porque son carroñeros, son zamuros. Siempre, pero siempre, llegan cuando todo está bajo el lodo, bajo las aguas o bajo la tierra.

El régimen en Venezuela no cuenta, ni le interesa tener un sistema de alertas naturales; mucho menos de alertas tempranas. Más bien necesita que la gente, ya golpeada por una crisis que nunca termina, se mantenga en zozobra, pendiente solo de la vida o de recuperar un poco de la calidad de vida que alguna vez tuvo.

Y es muy lógico: quien está pendiente de la sobrevivencia, de escapar de los elementos, de “arreglársela como pueda”, no tiene tiempo para pensar en la libertad y en la verdadera causa de todos los males del país: ¡ellos!

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