El Personaje de VRI

Pablo Medina, un político venezolano honesto y valiente (Parte I): «El Caracazo fue un plan urdido por CAP y Fidel Castro»

Alexander Arredondo / Venezuela RED Informativa.us

La política es tradicionalmente asumida como algo sucio, una especie de vertedero tóxico que contiene lo peor de la condición humana, que con frialdad, desnaturalización y la indiferencia más corrosiva puede empujar a las acciones más viles. Si bien es cierto que en todas partes del mundo se cuecen habas y los políticos no desdicen con su proceder lo anteriormente señalado, también es cierto que existen individuos que ponen alma y corazón para imponer un concepto muy diferente del quehacer político, hombres y mujeres que con su tesón intentan hacer de las más genuinas causas sus banderas de lucha. Incombustibles se consagran a acompañar a sus pueblos en sus exigencias más básicas: la libertad y una mejor calidad vida. Nosotros en Venezuela contamos con un hombre que ha hecho de la política un instrumento positivo de lucha: Pablo Medina Carrasco.

Durante años Pablo Medina desde sus tribunas, primero su partido político, más tarde el Congreso de la República de Venezuela y ahora, por desgracia, desde el exilio, lejos de su amada Venezuela, su voz incansable ha denunciado la corrupción, la tiranía y la tortura. Su análisis siempre necesario, no ha dejado de poner el dedo en la llaga, antes en la etapa democrática de su país y en este momento cuando el infierno comunista se abalanzó en mala hora sobre el desprevenido pueblo venezolano. Medina no ha cesado en denunciar la satrapía de Chávez, de Maduro y ahora de los Rodríguez. Su trabajo desde la Resistencia ha desnudado a un régimen que con distintos rostros ha herido la dignidad de un país, sometiéndolo con hambre, prisión, amenazas y muerte. Pablo Medina jamás ha silenciado su palabra ni dentro ni fuera de Venezuela, y por fortuna sigue aferrado a la esperanza de una Venezuela verdaderamente libre y democrática. Hoy contamos con su verbo valiente y honesto en nuestra sección de entrevistas de personalidad.

OBRERO Y ACTIVISTA POLÍTICO

-Usted pertenece a una familia numerosa, muy católicos, trabajadores, insertados a las tradiciones de su natal pueblo de El Tocuyo en el estado Lara en Venezuela, ¿de dónde surgen esas inquietudes políticas?, ¿de donde nace esa necesidad de expresarse políticamente con esa vehemencia, con esa pasión que siempre lo ha caracterizado?

-Ese sentimiento, esa vinculación permanente con la política, vino dada por mi padre, ya mi abuelo, Víctor Yépez, había sido jefe civil del pueblo de Carora, y mi bisabuelo Demetrio Yépez había sido un guerrero con los caudillos Montilla. Entonces mi padre, Alberto José Medina, él mismo se llamaba «Alberto Jota», él decía: «Albertos José hay muchos, en cambio Alberto Jota hay uno solo»… mi padre siempre nos hablaba de Bolívar, de la Independencia, de la República, y eso en toda la familia fue formando un carácter republicano, en los genes se va desarrollando eso. Además el pueblo de El Tocuyo tenía una gran influencia campesina con su música tradicional cargada de mensajes políticos, de lucha. Otro elemento determinante fue que en el pueblo había una cantidad de poetas, entre los que estaba mi propio padre, Roberto Montesinos, Federico Yépez… yo estaba muy niño, pero los veía a ellos cantando y recitando, denunciando por ejemplo al latifundio de los Riera en Carora… eso va formando un carácter, una personalidad, una inclinación hacia la justicia básicamente. Y otro elemento fue la época de la Revolución Cubana, que influyó mucho en todo el continente. Eso marcó mi pertenencia a la Juventud Comunista, pero al poco tiempo me di cuenta que eso no tenía sentido, que no era la vía, y entonces a los cinco años me separé, nadie me lo dijo, sino que fui a la Unión Soviética, estuve allá siete meses y me percaté que eso no representaba salida a nada. Estamos hablando de 1969. Allí asistí a unos cursos que nos dictaban para tener mayor conocimiento sobre lo que era la filosofía comunista, pero eso me ubicó en el lado contrario, porque entendí que esa corriente apenas permitía un solo partido, un solo canal de TV, un solo periódico, todas las empresas en manos del estado, y no que va… a mí me ocurrió lo que dijo el gran premier británico Winston Churchill: «Un joven que a los 20 años no sea comunista es porque no tiene corazón, pero si este joven llega a los 40 años y sigue siendo comunista es porque no tiene cerebro». A los 22 años llegué a Venezuela y renuncié al comunismo.

-Pero eso no lo separó de sus inquietudes políticas, lo cual es más que evidente…

-En aquel mismo momento el partido comunista de Venezuela atravesaba por una crisis, y conocí a un tipo muy inteligente, un genio, llamado Alfredo Maneiro; se produjo la crisis del partido comunista, nació el MAS con Pompeyo y con Teodoro, pero yo no los acompañé, yo comprendí que la vía socialista que planteaba Teodoro no era compatible conmigo, entonces creamos la Causa R, y ahí nos abrimos a la política nacional. En 1980, doce personas decidimos crear la causa R. Yo miro hacia atrás y pienso que ese era un proyecto «cuántico». Me explico: Los partidos políticos tienen una forma estalinista de organizarse, en Venezuela y toda América, en la cual la minoría tiene que aceptar a la mayoría por la vía del voto, hay una estructura centralista, un buró político con un secretario general que es el mandamás… eso es así en todos lados. Cuando nosotros nacimos, a la par que en la ciencia se ampliaron los estudios de física cuántica, la ciencia como siempre impone el desarrollo, y también influye en la política. Las fórmulas del centralismo democrático se conectan más con la física como la veía Newton, pero la visión moderna de la física cuántica se emparentaba más con nuestra corriente. Alfredo Maneiro y yo asistimos a muchas reuniones políticas que nos permitieron evaluar el panorama nacional. Alfredo siempre sintió mucha inquietud por la ciencia y el arte. En una de esas reuniones conocimos a un científico venezolano llamado Luis «El Gaucho» Herrera, quien en ese momento era miembro del comité nacional de la bomba atómica en Francia, y ya desde entonces nos hablaba de la precisión de un misil que podía entrar por una ventana y caerle en la nariz a un hombre, todo ese avance gracias a la física cuántica. En la Causa R nos dio por desarrollar un proyecto político que era cuántico. Estableciendo palancas que se apoyaban en un punto para mover voluntades.

-Y allí arranca su peregrinar por Venezuela…

-Así es. Yo me fui solo para Guayana a crear la Causa R, no conocía a nadie, no conocía la ciudad, solo portaba una carta de Alfredo y un remedio para el asma para una señora que me terminó dando su apoyo en aquel lugar. Yo solo tenía en mente una idea: los liderazgos se construyen desde abajo, por la vía deportiva, cultural, es en el seno de la gente donde hacia arriba se va haciendo ese liderazgo, y esa organización no tenía esa estructura partidista, estalinista, sino que iba naciendo en forma auténtica. En poco tiempo comenzamos a publicar un periódico llamado «Matancerito», porque muchas empresas están ubicadas en esa zona que se llama Matanzas, y la gente se hace llamar matanceros. En ese medio denunciábamos los problemas y las dificultades de aquellos pobladores. El periódico era clandestino y lo repartían los estudiantes. Recuerdo que por aquel entonces hubo una huelga general, era el gobierno de Caldera, y botaron a quinientos trabajadores, y Guayana estaba militarizaba, nosotros sacábamos el periódico de manera clandestina, utilizando un multígrafo que consiguió Alfredo Maneiro y que yo trasladé en un Volkswagen y con ese equipo publicábamos una vez a la semana. La gente se fue nucleando alrededor del «Matancerito», y fueron llegando para colaborar. Todo arrancó en los hornos eléctricos de Guayana.

-¿Usted trabajaba en la CVG, en las empresas de Guayana?

-Yo trabajaba en Sidor. Con el primer compañero que se interesó en el «Matancerito», Tello Benítez, los dos estábamos desempleados, al cabo del tiempo él consigue trabajo como empleado y yo como obrero en la Siderúrgica del Orinoco y me tocó ir a los hornos eléctricos, eso era impresionante, eso era candela pura.

-¿Qué hacía allí usted?

-Mi primera semana me dediqué a limpiar los hornos y también cargaba madera en el hombro, un trabajo muy pesado. Yo tenía 24 años, por la fuerza de la juventud pude aguantar esas condiciones terribles. Duré como 15 días probándome. Te metías en un horno que permanecía apagado, aunque aun emanaba un calor inmenso. Yo entraba por un minuto con una barra de acero a limpiar el horno de residuos, también te introducían en otra parte del horno donde no circulaba el oxígeno, un minuto en medio de aquel polvo, en una atmósfera irrespirable. Yo soporté todo eso por mi juventud y porque estaba impulsando un proyecto político. Después me cambiaron para limpiar baños. Tuve tres meses en medio de aquel olor. Luego me ubicaron en otras áreas. En Sidor estuve dos años, intercalaba mis labores allí con la publicación del periódico y de noche me dediqué a terminar el bachillerato. Pero al unísono la organización política ya estaba funcionando, y aplicando la palanca de Arquímedes, desde el punto que significaron los hornos eléctricos, desarrollando la defensa de los trabajadores, defensa de los salarios, de las condiciones de trabajo, que eran terribles, denunciando las irregularidades, la cosa creció y creció. Jamás caímos en la trampa de llamar a una huelga general, comenzamos a adquirir fuerza, pero siempre con inteligencia, medíamos mucho las luchas para no arriesgar los trabajos de la gente, siempre eran cosas justas. Nunca estuvimos dispuestos a arriesgar la estabilidad laboral de los trabajadores. Lo evitamos a toda costa.

-¿Estuvo solo en estas luchas?

-No, luego se nos unieron Pastora mi hermana, llegaron también Clemente Escoto y Grecia Cabrices, y a los tres años se sumó Andrés Velásquez, y por supuesto contábamos con el apoyo intelectual de Alfredo Maneiro, que son su inteligencia nos ayudó a moldear ese proyecto. A partir de los logros en Sidor se fueron acercando otros movimientos obreros de las demás empresas de Guayana, captamos a todos esos sindicatos. El punto de encuentro era el local del «Matancerito» en San Félix. Justamente para la primera elección del sindicato de Sidor, alquilamos un local que tenía un patio interno y árbol de mango en él. Ese patio tenía algo magnético. Siempre hacíamos las reuniones no porque alguien lo decretara y la gente simplemente llegaba y se iba sentando en círculo, no importa la cantidad de personas, siempre se formaba ese círculo «mágico», que generaba una gran simpatía, mucha alegría, un círculo mágico perfecto.

-¿Cuando decide irse a Caracas a hacer crecer más a la Causa R?

-Cuando lamentablemente fallece Alfredo Maneiro.

-La gente en Venezuela reconoce que la Causa R nació en Guayana, y repentinamente ese movimiento creció y se fue haciendo nacional, y ustedes llegaron incluso al Congreso de la República, ¿qué les generó ver que ese proyecto que nació para las empresas de Guayana y sus trabajadores ahora creció en esta nueva magnitud?

-Hay que hacer una precisión allí: en un libro de Alfredo Maneiro se expone la tesis de la Causa R, que no tenía ni nombre, éramos 12, rechazábamos al partido comunista y no aceptábamos participar en el MAS, sino construir desde cero una alternativa distinta. Nosotros no contábamos con los recursos del MAS, a nosotros no nos apoyaba Gabriel García Márquez, por ejemplo. La filosofía nuestra era dar origen a lo que llamamos la democracia radical. Nosotros no íbamos a fundar ningún partido en algún congreso, sino que nuestro movimiento tenía que nacer desde abajo, de la actividad popular, de la lucha, del deporte, de la cultura, no como un decreto, sino como un acto de construcción permanente. En ese orden de ideas creamos en el populoso sector caraqueño de Catia, un proyecto que se llamaba Procatia, por el cual se introdujo, por ejemplo, un proyecto de ley para los consejos municipales, y desde Catia nuestra intención era crecer por toda Caracas. También nació en Mérida un proyecto llamado Bafle, para los estudiantes universitarios. Allí también creamos la Casa del Agua Mansa, para la cultura. Todo eso eran iniciativas de la Causa R.

-¿Y quién fue el de la idea de poner esa R al revés?

-Cuando se da el proyecto de la casa de la cultura, estaba muy activa la esposa de Alfredo Maneiro, la arquitecta Ana Brumlik, que era checoslovaca, ella era profesora y allí conoció a otro docente gallego, pero de nacionalidad venezolana, llamado Farruco Sesto, y él fue el que inventó la R al revés. La gente preguntaba: «¿Por qué esa R está al revés?» y la respuesta era: «Bueno, porque el país está al revés». Y esa R así, se popularizó muchísimo.

LA LUCHA DESDE EL CONGRESO Y EL CARACAZO

-¿Cuándo usted da el salto para hacerse congresista?

-En 1989 durante el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez.

-¿Y a qué proyecto se asimiló usted en ese Congreso? La llegada de Pablo Medina implicaba mover los cimientos del parlamento.

-Lo primero con lo que tropezamos fue con el Caracazo. Éramos tres diputados: Aristóbulo Izturis, Carlos Azpúrua y yo. Nos tocó vivir esa experiencia tan traumática para la población de Caracas. Estoy convencido que ese fue un plan urdido por CAP y Fidel Castro. Me explico: A ese gobierno de CAP lo antecedió el de Jaime Lusinchi, que reconoció una deuda externa absolutamente ilegal. Yo tengo el documento que firmó Lusinchi. En esa época los bancos de USA les imponían a los países el pago de una deuda en su mayoría ilegal, y se quedaba con los documentos originales, solo entregaba copias a los gobiernos. En Venezuela si le pides ese documento al BCV o a la Contraloría no lo tienen. Lo tengo yo, y lo publiqué en mi libro «Cara e’crimen». Yo denuncio a Lusinchi por haber renunciado a la inmunidad, a la jurisdicción y a la soberanía, y haber convertido a Venezuela en una colonia de los bancos. A propósito Chávez y Maduro también convirtieron a Venezuela en una colonia, pero de los rusos, de los chinos y los iraníes, pero previamente lo había hecho Lusinchi con la aceptación del Congreso y de una figura nefasta como lo fue Pedro Tinoco, quien fue el que firmó todo eso. Entonces esta situación influyó para que cuando arriba CAP no haya dinero para afrontar la acción de gobierno, así que no le queda más remedio que firmar con el FMI un crédito y comienza a la par a utilizar las reservas de oro, que desde 1950 nadie las había tocado, y entonces aprovecha el Caracazo para sacar 90 toneladas de oro del BCV, 60 para el Banco de Londres y 30 para el Banco de Basilea. Yo me di cuenta de que ese fue un plan porque dos días antes envía a Pedro Tinoco y a Miguel Rodríguez a negociar con el FMI, el día viernes amenaza con aumentar los precios de la gasolina y el día lunes la Guardia Nacional y la Disip se metían en los comercios para abrir las santamarías para que la gente se metiera y robara, y eso se hizo deliberadamente. Por otro lado, ese mismo lunes, CAP se fue a Barquisimeto a pesar de ese caos en la capital, mientras que el ministro de Interiores se fue para Valencia. Ambos crearon un vacío de poder. Recuerdo que el mismo Marcel Granier de RCTV llama a CAP a las 10:00 am y le increpa: «¿Cómo se va usted a ir para el interior en medio de esta crisis?», a lo que el presidente le responde que él tenía una responsabilidad en Barquisimeto. Para luego regresar el martes a ese baño de sangre que luego nos tocaría atestiguar impotentes…

Hasta aquí la primera parte de esta larga entrevista a Pablo Medina Carrasco. En la próxima entrega les traeremos detalles de su oposición frontal a Hugo Chávez y Nicolás Maduro, así como su vida en el exilio, por cierto nada dorado, y sus reacciones tras el triunfal 3 de enero de este año. Los esperamos queridos lectores.

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