El Fogón de la Editora

¿A QUIÉN HAY QUE DEGRADAR?

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

¡Hay que tener realmente riñones, chico! Resulta que las narcofuerzas armadas bolivarianas ahora han cogido la chapita de degradar, con humillación incluida, a un gentío, con el cuento de ser traidores a la patria.

Unas cucarachas que se toman fotos hincados, postrados, de rodillas a los pies de Fidel Castro. Que entregan la tierra sagrada de Venezuela a los iraníes para que hagan con ella lo que quieran. Que juegan con la Zona en Reclamación por órdenes de sus patrones de Cuba. Que son peones, mandaderos a gritos de los chinos, los rusos y cuanto bicho produzca y venda drogas en el mundo, hablan ahora de “traición a la patria”. ¡No me fuñas!

Hombres y mujeres, jóvenes y con años en la fuerzas armadas los carajean, los desvisten, dejándolos en cueros a pleno sol y los encausan por todo aquello que Padrino y el resto de sus pillos hacen a plena luz del día: ser unos miserables traidores a Venezuela.

Y, por supuesto, el asunto no consiste en que se trate de ninguna competencia sobre quiénes son dentro de las fuerzas armadas más o menos pillos. O quiénes son más arrastrados o miran para los lados cuando quienes tienen las armas de la república han entregado al país a los peores facinerosos del planeta.

El tema está alrededor de los sueldos, los seguros y los viejos beneficios que la clase militar venezolana ha perdido totalmente a manos de estos chacharos del siglo XXI.

Los salarios no están, ni mucho menos, por encima del monto miserable que recibe un pensionado o un trabajador activo del mundo civil venezolano.

Es que el sobre de los militares también sale en bolívares viejos y muy devaluados, con alguna referencia remota a dólares. Que, igual que a la gran mayoría de la nación, no se acerca ni de lejos para poder cubrir la canasta para vivir en el país.

La matraca, fuente supuestamente inagotable de todos aquellos que creen tener un poquito más de poder sobre el resto de los cristianos dentro del país, está en vías de extinción. Y no por el razones de naturaleza ética o de algún salpullido de solidaridad para con los pobres de Venezuela. No, para nada. Es que el país está cada vez más pelao, más en ruinas y con menos gente que mueva dinero. Y, de paso, aquellos que algo tienen, aquellos que se podrían desplumar como antes, hoy, para funcionar, cuentan con un padrino, un extorsionador bajo contrato dentro de las fuerzas armadas bolivarianas, un proxeneta militar de alta graduación, que se lo vive y que medio lo protege del resto de su propia jauría.

Ya va siendo hora de que los hombres y mujeres de las NARCOFUERZAS armadas bolivarianas piensen en serio en volteársele o desertar a todos estos rufianes que, también, los están matando de mengua. ¿O no?

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