El Fogón de la Editora

Comparsa electoral

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Más rápido que lo que espabila un loco, la profesora Elsa Castillo dio un tremendo giro a su vida. De luchadora sindical por la dolarización de los sueldos y pensiones del gremio docente en Venezuela, la profe Elsa es ahora candidata a la presidencia de la república. ¿Qué tal?

Porque en Venezuela el liderazgo está bien claro. Allá lo único que tiene valor e interés nacional es lanzarse para presidente del país. Lógico: la gente importante solo se dedica a los asuntos importantes. A lo grande. Lo demás son tonterías.

Porque los míseros salarios y pensiones de hambre que reciben millones y millones de venezolanos eso es de segundo plano, como los anuncios que se colean en los teléfonos inteligentes. Lo mismo que agarrar por el pescuezo al régimen y exigirle que mantenga la luz en los casi 7.8 millones de hogares que en el país están la mitad del día a oscuras. O a aquellos que les llega el agua un día sí y 12 días no. O tantas y tantísimas cosas más que hacen que Venezuela sean un país en ruinas, en donde viven millones de seres humanos arruinados y sin futuro.

Y así, aunque hay candidatos hasta para tirar pal’ techo todos, pero todos, tienen que pasar agachados por las alcantarillas del mejor sistema electoral del mundo. Por el CNE de esa gente que le garantiza a Maduro el triunfo seguro en contra de quien sea y cuando sea.

Por fortuna, todos aquellos que están metidos en la contienda electoral, se sacrifican por nosotros y por el país. Desde los más ricos hasta las luchadoras gremiales de hace meses, toda Venezuela tiene una deuda de honor con estos valientes.

Poco importa, y no se debe ser mal pensado pues eso es pecado, de dónde es que sacan todos esos cristianos la plata y los recursos en un país que está tan difícil para la vida diaria, para hacer una campaña presidencial, cuando hasta el día de ayer estaban juntando un medio para completar un real.

Pero, eso sí: sufriendo por todos nosotros, arriesgando el pellejo a pesar de la absoluta certeza colectiva de que el sistema electoral solo le sirve al régimen, a sus trampas y a sus tramposos.

El caso es que Venezuela es un país tan rico, pero tan rico, que hasta tiene real para fingir una democracia participativa y protagónica que le convenga al Departamento de Estado de este país, a la CHEVRON y a las grandes empresas mineras y de hidrocarburos europeas que se lo están robando todos los días junto con Maduro y sus compinches.

Total que, en medio de este lunes de Carnaval, quien resultó ser el más serio de todos los disfrazados para la comparsa de los políticos de la fulana oposición en Venezuela, resultó ser el único que tiene como oficio hacer comedia. ¡Qué de locos!

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