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Doctora Rebeca Cordero, exitosa venezolana en Chile: Ejemplo de cómo trabajo duro y esfuerzo constante dan sus frutos más allá del terruño natal

Alexander Arredondo/ Venezuela RED Informativa.us

La tragedia más grande que ha dejado la horrible crisis política, económica y social ocasionada por el régimen que ostenta el poder en Venezuela es la irreparable diáspora de su recurso más preciado: su gente. Los venezolanos, con el dolor más profundo por lo que dejan atrás (familia, amigos, recuerdos, terruño), han migrado en pos de las oportunidades que los jerarcas de la dictadura con su accionar les han negado, haciendo inviable la normalidad en el país, con alimentación, salud, educación y sueldos y salarios dignos que permitan a las familias calidad de vida, sin mayores alardes. Todo eso se perdió en Venezuela para el ciudadano común, por eso la salida en masa, que se cuenta por millones, para buscar en otras tierras todo lo que no se logra alcanzar en la propia.

Dentro de ese enorme contingente de compatriotas que han tomado la decisión de establecerse en otros países, se encuentra una valiente y emprendedora pareja de profesionales que no dudaron a la hora de decidir por un mejor porvenir para sus tres hijos: se trata de la doctora Rebeca Alejandra Cordero García y su esposo, el abogado Daniel Scotto Medina, quienes tras confrontarse más de una vez con la amenaza latente de la inseguridad personal en Puerto Ordaz, se plantearon seriamente la migración como salida al problema, tomando como punto de apoyo el hecho de que una hermana de Daniel está casada con un chileno y vive desde hace años en Santiago. El largo camino ya tenía un principio.

“Las cosas eran complicadas en 2014 en Venezuela. Yo era cirujana en el hospital de Puerto Ordaz y en una clínica, y me tocaba trabajar hasta muy tarde en la noche por emergencias, y de repente se pusieron de moda los secuestros y la sensación de inseguridad era muy fuerte. Ahí fue cuando nació la idea de irnos en un plazo de dos años. Teníamos en ese momento una niña pequeña y recuerdo la presión de incluso montarnos en el carro rápido para prevenir alguna eventualidad. Empecé a buscar lugares donde pudiera revalidar, surgieron varias alternativas y nos fijamos en Chile, donde incluso estaba una hermana de Ricardo con 7 años de residencia y casada con un chileno”, nos comenta al respecto la doctora Cordero.

No ha sido fácil alcanzar logros en Chile. El trayecto ha estado sembrado de retos: establecerse con niños pequeños en un país diferente, lidiar con la contingencia de la pandemia, el desafío de los propios problemas políticos y económicos de la sociedad chilena… pero el mayor de ellos: un problema cardiaco por exceso de trabajo de Daniel que puso en vilo a la familia, pero irónicamente implicó el germen de la idea que ha traído prosperidad a la joven familia en Chile.

Tras la gravedad del esposo, y también los controles del embarazo que sobrellevó Rebeca ya estando en Santiago, se detuvieron a pensar en las dificultades de los migrantes en general cuando deben enfrentarse a cuidados médicos en Chile, que pueden incluso no ser atendidos si no tienen documentación en regla… Ante esto Rebeca y Daniel quisieron ponérselo fácil a todos, incluyendo a los propios chilenos, en lo que empezó como una pequeña clínica atendida por médicos venezolanos en la capital, y que ahora es toda una referencia por sus esmerados cuidados y profesionalismo. Hablamos de la clínica Medipro que, con sus más de 20 especialidades y 300 servicios y procedimientos ambulatorios, se ha convertido en un reconocido centro de salud para los venezolanos en Santiago, pero también para los propios chilenos, que ponen sus dolencias en manos de expertos médicos venezolanos con total confianza.

La doctora Rebeca con su bella familia en Chile

Cambio de aires

La doctora Rebeca Cordero García extraña su tierra, su familia, sus amigos… pero existe algo que desea disfrutar de nuevo con urgencia: las playas y las comidas venezolanas. Su hablar es pausado, diáfano y cálido. Entendemos muy bien porqué su clínica Medipro ha tenido tanto éxito en tierras chilenas, su encantadora personalidad conduce a un trato muy venezolano, con cariño, con honestidad, como si nos conociéramos de toda la vida.

-Doctora, ¿cómo le ha ido con los chilenos, que tienen una idiosincrasia muy diferente a la nuestra?

-Definitivamente, ellos son muy diferentes. De entrada, son desconfiados, sobre todo con el extranjero; pero transcurrido un tiempo, con el trato cotidiano, la cosa fluye muchísimo. Quizás parte del tema se deba a que hablan el español muy diferente. Se me hizo necesario aprender rápido “el chileno”. Cuando trabajaba en el hospital de Santiago me costó. Pero al final debo decir que los chilenos valoran mucho la capacidad de trabajo y los conocimientos.

-¿Fue difícil adaptarse a Chile?

-Para mi esposo no fue tan sencillo. En Venezuela él era un empresario y cuando llegamos aquí tuvo que trabajar como empleado. No era el trabajo soñado, pero teníamos ese ingreso y proyectos que cumplir. A mí, en cambio, me tocó estudiar primero para hacer la reválida de mi título de médico. Éramos mi esposo, mi niña y yo embarazada luchando por salir adelante, cuando en 2016 por exceso trabajo y preocupaciones a Daniel le sobrevino un colapso cardiaco. Nos marcó mucho a todos, me recuerdo estando embarazada practicándole RCP para mantenerlo con vida. Una de las cosas que más nos dolió de ese momento tan difícil fue el maltrato que recibimos por parte de los sanitarios que nos asistieron. Su trato fue despersonalizado, muy lejano. Tengo en mi memoria la conversación con el neurólogo que atendió a mi marido, me hizo sentir que no había sensibilidad en ellos. Llegué a pensar que Daniel había muerto debido a la dureza del trato. En un punto creí que nos trataban así por ser migrantes. En medio de toda esta complicada situación nació la idea de Medipro, para ofrecer un trato más humano…

-Entonces, ¿así son los médicos chilenos? ¿Con todos o solo con los migrantes?

-Es cuestión de costumbres. No es algo ni bueno ni malo. Ellos están acostumbrados a tratar de forma diferente. Es su manera de ser. En Venezuela, por ejemplo, sabemos que los médicos tenemos que ser cercanos, los pacientes y sus familias lo exigen así, es necesaria una relación muy estrecha. Aquí en Chile no es así. Pero eso no quiere decir que al chileno promedio no le guste que sus médicos los traten con nuestra cercanía. Ese espacio lo llena Medipro. Nosotros nos tomamos el tiempo de consulta necesario con el paciente. Atendemos a pacientes portadores de cédula o pasaporte venezolanos, o de cualquier nacionalidad. La gente en general nota la diferencia y de ahí la buena acogida que hemos tenido. Nosotros dedicamos tiempo y esmero, y a los chilenos también les gusta eso. La mayor parte de nuestro personal está compuesto por doctores venezolanos, pero no somos excluyentes.

-Medipro es un motivo de orgullo para ustedes, ¿cierto doctora?

-Somos la primera clínica de venezolanos para venezolanos en Chile. Responde a nuestra gran pregunta de “¿cómo contribuimos a la salud de nuestros paisanos?”. Ese es un terreno muy delicado que debe tratarse con especial cuidado debido a las condiciones tan difíciles de la migración venezolana. No es algo que nos tomamos a la ligera.

-La clínica Medipro está en plena fase ya no de asentamiento, sino de pleno crecimiento.

-Así es. No hace mucho nacimos como un emprendimiento familiar. Mi esposo, basado en su experiencia como empresario en Venezuela, empezó recabando la información, los requisitos, los permisos, él se convirtió en la luz que guio el proyecto. A partir de su gran esfuerzo, Medipro ha ido creciendo. Mi parte es la de la Medicina en sí. La coordinación con los doctores, los pacientes, las familias… Nos tocó muy fuerte con la cuarentena, no paramos. En ese momento iniciamos con otro mecanismo que nos dio grandes resultados: la telemedicina. Fue algo innovador aquí en Chile. Los médicos se quedaron con nosotros y se avocaron a este gran proyecto. Son cinco años de crecimiento ininterrumpido. La organización y la estructura presenta óptimos avances. Ahora hacemos procedimientos e incluso medicina a domicilio. Ahora estamos meditando la idea de establecer una nueva clínica en otro sector de Santiago. Es un trabajo arduo de hormiguita.

-¿Y cómo queda la dinámica familiar con niños a los que hay que atender?

-En verdad es complicado, y ahora además estoy haciendo un postgrado en el hospital de Santiago. Esto, más la empresa, no me deja tiempo para nada. Esto desembocó en la búsqueda urgente de las visas de las abuelas, para que vinieran a ayudarnos a Daniel y a mí.

Venezuela en el corazón

Empero todas las obligaciones que tiene esta dinámica doctora venezolana en Chile, existe un tema que recurrentemente es motivo de reflexión para ella: Su querida Venezuela. Y también los venezolanos, de ahí que tocara un tema que la tiene muy sensibilizada, y es la diáspora presente en las calles del país austral: “Hay venezolanos asaltando en Chile. Eso me da mucha vergüenza. Le da pie a cierto sector de la sociedad que achaca demasiadas responsabilidades a los migrantes sobre los problemas de inseguridad. Entonces dicen ‘fueron los extranjeros’, ‘fueron las bandas de venezolanos, de colombianos’. Creo que lo exacerban todo demasiado. Pero al crear la fama… Y meten a todos en el mismo saco, cuando son apenas casos muy puntuales. Es verdad que hay venezolanos que se portan muy mal, pero la mayoría de nosotros hacemos vidas decentes y trabajadoras en Chile”.

-Doctora Rebeca, los venezolanos y Venezuela son tema recurrente en su día a día, ¿desde cuándo no viaja a su tierra natal?

-Es cierto que la familia, mis amigos, Venezuela están muy presentes en mi vida. Pero el pasado y los recuerdos pesan, ya son siete años sin ir a Venezuela y me parece una eternidad. A pesar de todo el trabajo y ocupaciones que tenemos en Chile, yo siempre quiero volver. Tengo dos niños con nacionalidad chilena, pues nacieron aquí. Además Chile me ha dado tantas cosas bonitas. A pesar de todo eso, no queremos perder el nexo con Venezuela. Al menos quisiéramos pasar seis meses por año allá.

-De ese último viaje, ¿qué recuerda?

-Fue en navidad ese último viaje. La pasamos en Araya, ¡fue mágico! Tengo muy presente en mi memoria ese primero de enero, la gente, la posada, la comida, la playa… ¡Todo! A Venezuela la llevo en mi corazón siempre.

Un gran consejo

Siendo una venezolana que demuestra con hechos que se puede ser exitoso en el camino que se emprende más allá de la tierra que te ha visto nacer, y que con trabajo constante y mucho esfuerzo se pueden alcanzar grandes metas, no desaprovechamos la oportunidad de preguntarle a la doctora Cordero García cuál es la fórmula para cosechar logros cuando sé es migrante en cualquier punto del planeta, y esta fue su respuesta: “Hay que entender una cosa muy importante: vas a renacer. Una increíble posibilidad siendo adulto. Es la oportunidad de oro de replantearte cosas, de quitarte trabas. Pero tienes que integrarte, mimetizarte. Es necesario hacerte parte de esa cultura nueva que te rodea, es urgente que aprendas y, sin perder tu esencia, debes integrarte. Hay que hacer amigos y eso seguro te llevará a conseguir trabajo pronto. Hay que buscar esa adaptación y terminar amando esa tierra nueva que te acoge. Es obligatorio respetar las leyes de ese país. Eso lo facilita todo, más de lo que crees… En fin, querer y respetar al país que nos recibe es la vía para empezar a tener éxito en el nuevo proyecto de vida que emprendemos”.

«A Venezuela la llevo en el corazón», nos ha dicho con gran honestidad la doctora Cordero García
Medipro es su gran proyecto profesional en la ciudad de Santiago

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