El Fogón de la Editora

EL FRAUDE

Yolanda Medina Carrasco /Venezuela RED Informativa.us

Por órdenes impartidas por los cubanos y conforme a los “arreglos” que hace el régimen de Nicolás Maduro, en Venezuela hay una larga lista de asuntos sobre los cuales no se debe hablar, ni denunciar, ni mucho menos salir a las calles a protestar.

La realidad de un país acabado se pretende ocultar de los ojos de quienes viven adentro, como de los que estamos afuera, en una era donde es imposible esconder algo.

En caso contrario, en el supuesto de que se diga en voz alta algunas de las miserias ocasionadas por casi 25 años de robadera y completa y total ineptitud para el manejo administrativo de cualquier estado del siglo XXI, la dictadura enseña su peor cara.

Desde una ley que parodia una supuesta “incitación al odio”, aplicada por unos malandros que roban, secuestran, insultan y amenazan diariamente a cuantos ellos quieren, hasta el uso de sus tribunales compuestos por focas amaestradas que malamente saben leer y escribir, y mucho dinero entregado a auténticos traidores de la supuesta oposición para que mantengan la boca bien cerrada, en Venezuela el régimen acabó hace años con la democracia.

Todo eso me recuerda una de esas locas escenas de la magistral novela «El recurso del método» de Alejo Carpentier. En ella, el dictador tropical sobre el cual gira el cuento, manda a requisar casa por casa a sus esbirros, buscando literatura subversiva en todas las viviendas de la capital del país.

Y a más de un ciudadano se lo llevan detenido para que confiese sus supuestos crímenes, pues entre los libros hallados en sus bibliotecas se encontraba la peligrosísima “Caperucita Roja” de los Hermanos Grimm.

Sin embargo, la Venezuela profunda, la de carne y hueso, ha crecido y madurado políticamente. Ya son pocos, poquísimos, los que aún se creen el mito que hace años instalaron los viejos partidos políticos y muchos de los tunantes que hoy los controlan. Somos inmunes, estamos vacunados, de la “culpa” que por años le endosaron como responsabilidad al pueblo demócrata venezolano. Esa que insistía en afirmar que, por no ir a votar en cualquiera de los fraudes montados por el régimen, el propio venezolano era quien confirmaba con su no participación la permanencia de esos bichos en el poder.

Hoy sabemos que nada de eso nunca fue verdad. Que el burro es negro porque tenemos los pelos en nuestras manos. Que quienes dicen haber acompañado la búsqueda de las tales salidas democráticas son actores segundones de la compañía de teatro nacional dedicada al fraude electoral.

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