El Fogón de la Editora

HECHO EN SOCIALISMO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Hasta donde se sabe, entre ellos se roban 3 mil millones de dólares en efectivo de lo que cobran por los barcos llenos de petróleo que salen del país, y no pasa nada. Ahí está Tareck Al Aissami, hasta le ofrecieron mandarlo a una embajada para que los iraníes no se le pusieran bravos a Maduro.

De los servicios públicos, agua, luz, teléfono, vialidad, también se cogen todo lo que pueden y se lo reparten. Si es en las notarías, ni te cuento. Registrar un papel en Venezuela es solo para ricos de cuna o para enchufados con el régimen.

Y ni se te ocurra comerte un semáforo, doblar en U donde hace años dejó de existir un cartel o dejar el carro mal parado. Los nuevos “emprendimientos” de soldados, policías municipales, fiscales de tránsito y hasta boyscouts terminan por desplumar a cualquier venezolano común y corriente. ¡En dólares, por supuesto!

Aunque Maduro se haga nuevamente el payaso con el cuento de la lucha en contra de la corrupción, Venezuela es el país del relajo y uno de los más países corruptos de todo el mundo. Y quien dio el ejemplo, el modelaje, fue el difunto.

Una vez me contaron que dijo, cuando alguien le fue con el chisme de un desfalco en una las administraciones de sus porquerías de misiones: “dejen eso así; los ricos ya le han robado bastante al país, ahora les toca a los pobres llevarse su parte”.

Corrupción y pillaje son las etiquetas del régimen de Caracas. Ambas «Hechas en Socialismo», es el único logro, la única obra bien visible de país de estos sinvergüenza a todo lo largo de los eternos veintitantos años que tienen en el poder.

No hay nada nuevo bajo el sol. Los robos, los saqueos, la corrupción, ahora puesta en alto volumen estereofónico, solo son velos, distractores para intentar que Venezuela no mire hacia donde realmente está pasando lo importante. Maduro se muere, los cubanos necesitan garantizar su dominación sobre nuestra tierra una vez que éste desaparezca y la triste oposición venezolana no está aprovechando la oportunidad, otra vez, para recuperar la libertad de nuestro país.

Sigo, como decía el padre de todos estos engendros, recordando las Sagradas Escrituras: ¡Quien tenga ojos para ver, que vea!

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