LAS LIMOSNAS DEL SEGURO SOCIAL DEL CARTEL DE LOS SOLES

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
Mientras que tanto Maduro como Cilia exhiben cada uno en sus dedos chiquitos una esmeralda del tamaño de un botón de camisa de payaso, el Seguro Social en Venezuela recién termina de pagar la pensión junto con el aguinaldo correspondiente a este año.
El Seguro Social en Venezuela acaba de acreditar en las cuentas de los trabajadores venezolanos que cotizaron durante toda su vida laboral un porcentaje de 750 semanas de su salario, 260 bolívares. ¡Es decir, al cambio del BCV, algo así como 1,23 dólares por trabajador!
Ni como chiste malo resuelve en algo esa cifra.
¿Alguien puede imaginar a un trabajador en situación de retiro, recibiendo, en el mejor de los casos, menos de dos dólares como pagos? Ese dinero, que de paso se erosiona diariamente con el oxido de la devaluación, no llega a ser ni tan siquiera una limosna.
Con ese “realero” es que el régimen está convocando a los pensionados del país para que le pongan el pecho a los cohetes y los drones que están dirigidos a los mafiosos que llenan de drogas a Estados Unidos.
Con aquella gente, está más que visto, la maldad no tiene límites. No ha sido suficiente con que hayan acabado con todo el entramado institucional y democrático de Venezuela. A los venezolanos, a las mujeres y a los hombres que pagaron por adelantado, semana tras semana, su seguro de retiro, los han robado a mano armada.
El sistema de pensiones del país, que antes que ellos llegaran ya venía mal, aquellos desgraciados lo terminaron de convertir, lo dejaron como vitrina, para burlarse del trabajo honesto de millones de venezolanos.
Porque esos pagos no pueden ser entendidos de otra manera que no sea como una burla macabra llevada a cabo por unos pocos bandidos sobre todo un pueblo trabajador. Lo que funcionaba en Venezuela, tras 26 años, ellos lo han destruido. Y lo que ya venía mal, tras 26 años de dominio y control absoluto y total del país, y de todos y cada uno de los inmensos recursos de que han dispuesto, lo terminaron de acabar.
¿Con qué cara, con qué moral, esos sinvergüenzas pueden aspirar a que el pueblo no se los trate de comer, de perseguir y acabar con todos ellos el día de la Hora Cero?
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