LOS VENEZOLANOS NO CREEN EN PAJARITOS PREÑADOS

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
El régimen de Miraflores puede mandar a hacer tantas encuestas como veces dice haber ganado todas las elecciones en las cuales ha “participado”. Al final, resulta más fácil y barato aún pagarle a un influencer o a un encuestador abultado por tantos años de dictadura, que al grupo de fariseos de la oposición vendida en Venezuela que han jugado al jueguito de la falsa democracia electoral del país.
Esa misma oposición que lleva más de 24 años aceptando decir, a conveniencia, que ha perdido electoralmente frente al régimen, tantas veces como el valiente pueblo venezolano ha votado, mayoritariamente, una y otra vez en contra de aquellos fariseos.
Con una sola excepción en todos estos años: el triunfo de González Urrutia. Por primera vez un grupo de políticos se puso los pantalones y no dejaron como siempre han hecho como loco a mi hermano Pablo. Una y muchas veces él ha perdido la voz de tanto fraude que ha cantado a lo largo de todos estos años.
Así pues que, ahora, con alguna valentía, empiezan a dar la cara encuestas y encuestadores que dibujan el sombrío panorama de Venezuela y de sus venezolanos regados por medio mundo.
Por ejemplo, hay una clara percepción, finalmente, del megafraude del 28 de julio antepasado. Nadie le cree ni a Maduro, ni al CNE, ni muchos menos a los loros del TSJ que fueron invitados al circo de la estafa electoral, cuando los «mariocorinos» se llevaron las actas verdaderas para mostrárselas a mundo.
Así mismo, por primera vez comienza a salir, con pelos y señas, el lastimoso estado de salud, talla, alimentación, educación y calidad de los servicios públicos que existen en Venezuela, entre otras muchas desgracias nacionales acumuladas a lo largo de casi tres décadas.
Y tras 26 años de mal gobierno, también emerge la única verdad: esa gente ha acabado con el país, mientras unos pocos se han hecho infinitamente ricos. Que la situación ya no es de extrema pobreza de la Venezuela atrapada dentro de Venezuela, la “cosa” se tiene que calificar ahora como miseria colectiva.
Que más de 26 años de discursos y solo cambio de nombres han conseguido empobrecer al país, a su gente y a la infraestructura de nación que una vez existió en Venezuela.
Para, al final de la jornada, es ahora que se empieza a visibilizar la espantosa tragedia nacional que ha empujado a más de 8 millones de venezolanos a huir de la miseria en que se encuentran las grandes mayorías en nuestro país.
Y digo yo: ¿todo eso que estoy contando, y que empieza a salir por todos lados, es acaso nuevo? ¿Todo este desastre sideral sobre un país acaso le cayó encima a Venezuela como el meteorito que acabó con los dinosaurios?
Los fariseos del siglo XXI contó, cuenta y contará siempre con cómplices y alcahuetes silenciosos que, viendo cómo se consumía el país en su propia salsa, permitieron que Venezuela se chamuscara en manos de aquella gente.
Por eso no me canso de decir: ¡Dios bendiga las intenciones del presidente Donald Trump en aspirar a acabar con todo aquello!
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