El Fogón de la Editora

MADURO SE QUEDÓ COMO LA GUAYABERA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Maduro, a pesar de los serios problemas que se le acercan desde el Mar Caribe, se extraña no haber sido invitado por uno de sus “Hermanos Mayores” a la reunión de la Organización de Cooperación de Oriente, que este año se llevó a cabo en la ciudad de Shanghái, China.

Resulta hasta patético que ese ignorante desconozca que, para todos aquellos países sobre los cuales él tiene puestas sus ilusiones para que le mantengan en el poder en Venezuela, no aguantan dos pedidas para cambiarlo hasta por dos sacos de papas para caldo.

Porque nadie quiere problemas, ni estar involucrado, con maleantes confesos. Es como aquel asunto sucio de la dictadura de Fidel Castro, cuando se destaparon su conexiones con Pablo Escobar y los negocios compartidos con el tráfico de drogas.

Allá en Cuba, hasta el gato cogió paredón, de lo radiactivas que resultaban esas relaciones entre ambos carteles del mal. ¡Así serían! ¡Es que Maduro y sus secuaces ya huelen feo!

Y lo que es peor, pintan a bragas naranjas. Y eso hace correr a los vividores de oficio que tanto han dicho que los van a cuidar. Hablando muy en serio: ¡no existe lealtad sincera entre maleantes!

Ni China, ni India, ni Rusia, ni ninguna de esas enormidades de países con tantos y tantos problemas y asuntos que revolver, se van a quemar las manos por unos narcotraficantes que tienen petróleo, pero que están del otro lado del mundo.

Del lado, por cierto, donde se está empezando a hacer lo humanamente posible para que esas culturas no continúen penetrando en este hemisferio. ¡Qué Ruta de las Sedas, ni que-ocho-cuartos!

Cuentos chinos para “meterle” a Occidente electrodomésticos, cachivaches y herramientas que duran solo la primera vez. Calidad de pacotilla a precios ridículos.

¿Qué clase de negocio es ese?

Es que, de paso, la gran mayoría de las veces, todas esas chucherías son fabricadas de manera semiartesanal por cientos de millones de hombres y mujeres que, en el mejor de los casos, reciben un mísero salario por el trabajo que llevan a cabo. Pero que en su mayor parte, trabajan solo por techo y un plato de comida.

¿Eso es lo que Occidente tiene que compartir y “aprender” de los no-sé-cuántos milenios de historia de la cultura oriental? ¿Cómo unos pocos vivos arrastran a millones y millones de seres humanos a las prácticas industriales que en esta parte del mundo superamos en la II Revolución Industrial, hace ya casi dos siglos? ¡No, muchas gracias!

Ya por ahí pasamos y superamos esa tragedia con leyes laborales dignas, sindicatos, respeto a los seres humanos y calidad responsable en el trabajo. ¡No me frieguen!

Por eso, entre las “malas mañas” del régimen con el tráfico de drogas que controla Maduro y la realidad patética de toda esa otra parte del mundo, hay muy poco que buscar y menos que conseguir de toda esa gente.

Como dirían los que saben de horóscopos: los astros están debidamente alineados para que Venezuela finalmente salga de la pesadilla del siglo XXI.

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